—¿Vas a tomarte ese pedazo o me lo puedo comer yo? —preguntó Madeleine. —Cómetelo tú si quieres, yo ya he quedado prácticamente saciado —contestó Neil. —La verdad que no entiendo como puede haber algunos que sigan prefiriendo comer lechuga, con lo bueno que está esto —dijo Madeleine. —En cierta forma casi mejor, así tenemos menos competencia —contestó Neil. —La carne ya no es lo que era y la culpa la tienen los malditos procesados, repletos de grasas saturadas. Normal que muchos hayan optado por lo vegetal —lamentó Madeleine. —Ni la carne ni casi nada. Debemos tener el colesterol por las nubes —dijo Neil. —Y no solo la carne, piensa en los azúcares, totalmente procesados. Aunque fíjate que con mi exquisito paladar no detecto que haya en este caso demasiado endulzante —dijo Madeleine. —Seguro que los lleva aunque no lo estés apreciando. Ahora todo está repleto de conservantes, saborizantes y colorantes —contestó Neil. —Insisto, toma este pedazo, esta realmente sabroso. Seguro que este llevaba una vida muy natural y equilibrada —dijo Madeleine. —Pues tienes razón, nunca había comido un pedazo de carne con tanto sabor. Se me ha abierto el apetito de nuevo, ¿puedes alcanzarme ese trozo de pierna? —preguntó Neil. —Seguramente era granjero o ganadero, no sabría especificarlo con seguridad. Estos últimos días tengo la mente muy dispersa y no comprendo casi nada de lo que hago —dijo Madeleine. —Me sucede más o menos lo mismo. Me acuerdo del mordisco que me propinó aquel loco que tenía la boca ensangrentada y como casi al instante me desvanecí en el suelo. Luego desperté con medio hombro en carne viva pero curiosamente no me dolía. Aunque si recuerdo el apetito atroz que he tenido desde entonces —dijo Neil. —Terminémonos esa pierna e inspeccionemos este pueblo, seguramente haya mas ricas y saludables presas con las que alimentarse —sentenció Madeleine.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se amable por favor. Cualquier comentario inapropiado será censurado