lunes, 29 de noviembre de 2021

9. Los dos pulsadores

Desde la gran sala en la que se encontraban, el Dr. Incertidumbre abrió el dispositivo, estaba lleno de botones y luces de colores. En el centro, había dos grandes pulsadores rojos y redondos.

—Y ahora supongo que pretenderás, justo en el ocaso de tu miserable existencia, que te ofrezca todo tipo de detalles sobre mi gran plan maestro, ¿verdad? —pronunció el Doctor dirigiendo su mirada de reojo hacia Howard mientras este seguía sangrando levemente por el labio inferior. —La verdad es que si, me has leído el pensamiento —respondió el maltrecho de Howard, quien permanecía atado de pies y manos en una silla de tortura. —Bien, ciertamente no puedo resistirlo, para eso soy el malo de esta historia —contestó el Doctor en tono irónico—. La realidad es que uno de estos dos pulsadores, si se acciona, provocará que un misil de largo alcance despegue de una base secreta localizada en el Mar Báltico y en cuestión de minutos haga su detonación en un país digamos proclive a responder atómicamente. Evidentemente la respuesta de este pais provocará que otros paises rivales se pongan en alerta y genere una cascada al unísono de cientos de lanzamientos de misiles nucleares por todo el planeta...excitante, ¿no crees? —No entiendo, ¿qué se supone que vas a ganar con todo esto? —preguntó Howard. —Ja ja ja, ¿ganar?, no quiero ganar nada. Desde mi mas tierna infancia he vivido y sufrido la mediocridad e hipocresía repugnante del ser humano, sin duda alguna, la peor especie del planeta. Dime, una sociedad podrida como la nuestra, ¿debería seguir en este mundo? —preguntó el Doctor. —Bien, estoy de acuerdo —respondió Howard intentando pensar rápidamente en dar una buena respuesta para ganar más tiempo—, pero al exterminar toda la especie humana también vas a destruir la propia naturaleza en si misma, el planeta se convertirá en un desecho radioactivo donde la vida, cualquier vida, será aniquilada. —Querido Howard —dijo el Doctor acercándose a pocos centímetros de Howard—, es evidente que la destrucción será globalizada pero ya sabes, es lo que suelen llamar 'efectos colaterales'. El objetivo de una causa puede estar por encima de males menores o de menor escala, aunque no sean deseados en el fondo, Debemos asumir este tipo de consecuencias. Y recuerda, yo no soy quien acabará con el planeta, podrás pensar que fui quien facilitó la chispa para que el resto de estúpidos mortales se maten los unos contra los otros, pero no seré yo el culpable directo de esa hermosa masacre. —Oh vamos, no puede ser que no tengas ni el más mínimo sentimiento por nadie en esta vida —respondió alterado Howard. —Créeme querido...no lo tengo —replicó el Doctor con ternura mientras apoyaba una de sus manos en la mano izquierda de Howard. El Dr. Incertidumbre volvió a acercarse al dispositivo, dirigió su brazo hacia uno de los dos enormes pulsadores rojos y se dispuso a apretar uno de ellos. —¡Un momento! —exclamó Howard—. Ya que has decidido acabar con todo y contarme todos tus planes, al menos dime, ¿para que es el otro pulsador rojo?¿es un pulsador para detener esta locura? —Sinceramente querido, no tengo ni la más remota idea...creo que es para que me traigan de inmediato un café con leche —respondió el Doctor entre carcajadas. Las vistas desde la guarida secreta eran espectaculares, desde la amplia sala ornamentada con formidables cristaleras, se veía un cielo color azulado que se iba tornando en colores amarillos anaranjados y sobre todo, un fuerte color rojizo que parecía avanzar por todas partes abarcando cualquier esencia de vida.

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