Tras afrontar que ya no era el mismo de antes, se miró al espejo y con un profundo suspiro volvió a la sala con el resto de soldados resurgidos. —Perdona, entonces, ¿ya no vuelas? —preguntó uno de los soldados. —Al parecer, he perdido esa facultad —contestó Tomás. —De hecho, ni vuela, ni sabe lo que le ha pasado, ni puede detener este nuevo reinicio. Solamente podemos tener fe en que ella pueda salvarnos —dijo el general Siesta. —Pero ella sigue incubada y dormida, ¿Cómo vamos a rescatarla? —preguntó otro de los soldados. —Si Tomás está aquí es porque aún existe una conexión entre los dos, por muy triste que nos parezca —dijo el general Siesta—. Por lo tanto preparadlo todo, conectar a Tomás a una de las sillas de lanzamiento y necesito tres voluntarios para la operación de asalto. —No quiero que se arriesguen más vidas por mi culpa —dijo Tomás. —Querido, ya has puesto muchas vidas en peligro y a otras muchas tantas a las que ayudaste a despertar, pero es hora de acabar con todo esto. La primera vez que esto sucedió nos entusiasmó la idea, la segunda vez se nos hizo algo recargada, la tercera vez no fue ni tan siquiera revolucionaria, sino más bien insufrible pero esta cuarta ha llegado al límite de lo insoportable. Por lo tanto, es tiempo de acabar con esta realidad, sea como sea, no queremos que existan opciones a una nueva resurrección. —Pero tengo unas cuantas dudas, ¿Qué pasará con el perito?¿y el afilador de llaves?¿que será del procurador de horóscopos?¿y del psicoanalista?...y más aún, ¿Qué será del señor Smity? —preguntó Tomás. —¿Acaso importa? —contestó el general Siesta—. Cientos de páginas se escribieron hace años sobre todo este asunto, grandes teorías se debatieron y medio planeta estuvo pendiente de averiguar la verdad de lo que aquí sucedía y todo ha quedado en nada, reducido a migajas, a una versión horrenda, cutre y sin sentido donde algunos siguen queriendo perseguir a conejitos blancos asustados, mientras deciden si prueban pastillas azules o rojas. —¡General!, nos estamos demorando y no hay tiempo que perder —dijo alarmado el teniente Sauce. —Conforme. En sesenta segundos daremos el salto a la entidad generadora de otra realidad. —dijo el general Siesta—. Una vez liberemos a la general Trineo, focalizaremos el fuego cruzado en los agentes transgresores hiper cuánticos y recemos para que Trineo cobre consciencia lo más rápido posible. Cuando verifiquemos que está recuperada, necesitamos que reactive los detonadores de protones de pulso MTX-BDR-04. En cuanto estén activos, la Matriz de generador de eventos, esta vez si, desparecerá por completo y por fin nuestras ciudades, Nois y Calisto, quedarán liberadas para encontrar su verdadera naturaleza. —Recemos para que así sea, un quinto reinicio sería algo que no creo que ni yo ni nadie vayamos a poder soportar —aseveró con firmeza el general Siesta.
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