sábado, 25 de marzo de 2023

47. La última consulta médica

—Adelante por favor, siéntese y cuénteme, ¿Qué le sucede? —preguntó el doctor Navarro. —No sé si usted se acuerda de mi doctor, pero he venido expresamente a hacerle una visita —respondió Julián. —No, no le recuerdo. ¿Ha estado usted en mi consulta anteriormente? —preguntó el doctor Navarro. —Pero bueno, ¿Cómo no se va a acordar de mi doctor?. Usted me dijo hará ya cinco años aproximadamente, que me quedaba por aquel entonces un mes de mi vida y después, para colmo, me dijo de forma muy coloquial que «mi vida iba a durar menos que un telediario» —respondió Julián. —Vaya, entonces me alegro por usted, ya que si sigue aquí con vida es que efectivamente me equivoqué en mis predicciones. —¿Qué si se equivocó? —respondió Julián totalmente indignado. —Tranquilícese, no veo que haya que ponerse tan nervioso cuando además le veo con aspecto saludable —dijo el doctor Navarro. —Ni puedo ni quiero tranquilizarme y ahora me va a escuchar. Por su culpa, cuando me dijo el poco tiempo que me quedaba con vida, caí en una depresión que me fue minando cada vez mas. Mi mujer intentó sacarme del pozo en el que me estaba hundiendo, pero yo no tenía ganas de hacer absolutamente nada. En el trabajo comenté mi situación y les dije que lo dejaba, que necesitaba todo el tiempo para mi y para disfrutar cuanto pudiera. Además, la depresión por la que estaba pasando me impedía seguir ejerciendo adecuadamente en mis funciones. Un mes más tarde, decidí gastar casi todos mis ahorros en un viaje con mi esposa en un crucero alrededor del mundo que duraba tres meses, pero todo se volvió mas difícil aún, ya que yo no estaba disfrutando del viaje y mi mujer se desesperaba por mis continuos malos comportamientos y mis pocas energías. Al final no llegamos a terminar el viaje porque teníamos innumerables discusiones en el crucero y era mejor volver a casa e intentar solucionar nuestros enfados mas discretamente. Siguieron pasando los meses y mi depresión era bastante pronunciada. Mi mujer empezaba a estar cansada de mis malos modales y mi aptitud frente a lo que estaba viviendo. Tiempo después, entregué en donación el resto de mis ahorros a mi mujer y solamente me quedé con un poco de dinero para los posibles gastos de los últimos días que me quedaran con vida. Pero ese "último telediario" nunca llegaba y yo seguía con una fuerte depresión, mientras mi mujer seguía totalmente hastiada de mis continuos cambios de humor. Siguieron pasando los meses y finalmente sucedió, mi mujer llegó a su propio límite y me pidió la separación y yo, al no tener casi nada de dinero, no tenía la capacidad de entrar en pleitos y juicios, por lo que perdí todo, la casa, el coche, los bienes que teníamos en común. Quedé arruinado, solo y para colmo sin trabajo. Intenté pedir volver a reincorporarme pero en mi Empresa ya no era necesario mi perfil. Como además me fui de mi Empresa por voluntad propia no tenía derecho al paro, así que tuve que pedir una ayuda por precariedad a la Comunidad a la que pertenezco, ayuda que tardó bastante en que se me concediera y que por supuesto no me iba a sacar de la pobreza. Empecé a buscar en albergues y lugares de acogimiento para el necesitado, ya que no tenía ni para comer ni para dormir. En la desesperación, decidí realizar pequeños hurtos de poca monta, una cartera por allí, un bolso por allá. Pero obtenía poco dinero con eso y realmente no cubría mis más precarias necesidades. Me decidí ir entonces a por botines más grandes y finalmente planifiqué el asalto a un modesto banco de la ciudad y claro, al estar solo y con lo poco hábil que soy para estas cosas, me pillaron a la primera. El juez fue benevolente conmigo en esa primera ocasión y debido a mis circunstancias personales, me impuso una pequeña amonestación y a realizar varios trabajos sociales durante seis meses. Pero esto no llegó a solucionarme el problema que seguía arrastrando y poco tiempo después, ante la necesidad de tener que conseguir dinero, volví a intentar un segundo atraco a un banco. Aunque esta vez si me salió bien la jugada y estuve varios meses viviendo con cierta soltura, aunque escondido permanentemente para que no me localizaran. Unos meses mas tarde me tendieron una emboscada y en una redada me volvieron a coger. En mi siguiente visita al juez ya no fue tan condescendiente y como había robado mas de medio millón de euros, me declararon culpable y una pena de prisión de tres años. Los primeros meses en prisión fueron bastante complicados, recibía palizas en los baños e incluso se intentaron sobre pasar conmigo en más de una ocasión. Los reclusos pensaban que yo tenía guardada la cantidad que había conseguido de mi segundo robo al banco, por lo que sufría constantes persecuciones e instigaciones contra mi. Tras más de un año de vivir una auténtica pesadilla como preso, por fin dejaron de molestarme y se dieron cuenta que simplemente era un pobre desgraciado. En ese tiempo de tranquilidad me dediqué a mejorar la biblioteca y a dar clases de formación para los presos más necesitados. Gracias a esta labor conseguí que se me respetara y pudiera vivir con más apacibilidad dentro de aquella cárcel. Finalmente, hace una semana me dieron mi carta de libertad condicional. Y ahora es el momento de pedirle a usted explicaciones. —Un momento, creo que ahora le recuerdo. Déjeme consultar un momento su historial señor Anastasi —dijo el doctor Navarro. —¿Anastasi?, yo me apellido Astasi, ¡Julian Astasi! —exclamaba Julián con desesperación. Julián se acercaba enérgicamente hacía el doctor Navarro, quien permanecía intimidado en su sillón, sintiendo como «su vida iba a durar menos que un telediario».

miércoles, 22 de marzo de 2023

46. Suposición evidente

El informe policial aclaraba lo sucedido. Después de mas de dos años de inactividad criminal, nuevamente, los hermanos Díaz habían perpetrado un robo a un banco a cara descubierta, armados hasta los dientes. Las cámaras de seguridad habían reconocido sus rostros pero al igual que en sus robos anteriores, la operación se había realizado en escasos minutos. Tiempo suficientemente corto como para que los comandos especiales no hubiesen tenido forma de llegar para poder interceptarlos. —¿Qué hacemos ahora inspector? —preguntó el oficial Alcedo. —Disuelvan todos los controles que se hubiesen establecido tanto en carreteras como en las estaciones de tren más cercanas y dirijan a todos los equipos al aeropuerto. Deben bloquear todas las salidas y chequear todos los vuelos. Sin duda alguna, van a escapar en avión —aseveró el inspector Orlando. —Pero no estamos seguros que vayan a tomar ningún vuelo, ¿Cómo puede estar tan seguro inspector? —Muy fácil, es bien sabido que los Díaz pasan volando —respondió el inspector Orlando con confianza.

domingo, 19 de marzo de 2023

45. Invocación en las tinieblas

Los acólitos ya estaban preparados con sus atuendos ceremoniales. Una larga túnica negra y una cinta púrpura alrededor de su cintura, marcaban el rango de mayor poder de los acólitos frente a la de otros cuya cinta era de color ámbar. Dispuestos en filas, algunos de ellos permanecían agachados o de rodillas, rezando y repitiendo los cánticos de invocación, inclinados y sumisos, deseosos que la ceremonia final diera comienzo en el aula magna. El ambiente en el lugar era opresivo y gélido, como si el frío se hubiera instalado en cada rincón y recoveco del aula. La luz era mortecina, proveniente de alguna luminaria difícil de ubicar que apenas mostraba los muros de piedra que parecían cerrarse sobre los presentes. Cada recodo desprendía una atmósfera cargada de aromas húmedos y mojados. La sensación de inquietud era palpable y todos los allí presentes intuían que algo trascendental estaba a punto de suceder.

Guillermo estaba preparado. Llevaba años, desde su infancia, entrenando para este momento tan decisivo, aunque en su interior residía cierto miedo y nerviosismo por la responsabilidad que se le había otorgado. Repasaba en su mente una y otra vez la invocación que debía decir, cuyo origen se remontaba a la noche de los tiempos. Según relataba la historia antigua, debía ser un joven de pura sangre quien pronunciara las palabras exactas de invocación en el orden correcto. Se desconocía si estas habían sido pronunciadas alguna vez y su significado aun permanecía oculto a pesar de los numerosos estudios que se habían realizado para alcanzar a conocer su verdadero significado, pero la creencia era que si se pronunciaban correctamente, invocaría a una poderosa entidad no perteneciente a este mundo. Guillermo, en un estado profundo de concentración, repetía las palabras en su mente sin cesar, procurando no olvidar tan cruciales sagradas palabras. Los cánticos cesaron y un tremendo silencio se hizo en el aula. Guillermo subió por las escalinatas de piedra que conducían al dolmen sagrado marcado con inscripciones rúnicas y que ahora, parecían brillar en el oscuro silencio que rodeaba a todos los allí presentes. El Gran Maestre Gort, con semblante serio y mirada turbia, encapuchado y con una enorme vara de oro y platino en su mano, le esperaba junto al dolmen sagrado para realizar el rito final. Era el momento. A una señal del Maestre Gort, Guillermo colocó su mano derecha levemente sobre el dolmen y con su mano izquierda, rozando su pecho, se dispuso a pronunciar las palabras sagradas. De pronto, Guillermo titubeó. Su nerviosismo lo había traicionado y había olvidado completamente la secuencia correcta con las que debía pronunciar las palabras sagradas y de las cuales tan solo había sido capaz de articular una serie de sonidos rimbombantes carentes de sentido.. El Maestre Gort lo miró con ira y desesperación. No podía dar crédito a lo que estaba sucediendo. Con furia, se abalanzó contra Guillermo para intentar golpearle como castigo. Pero ya era tarde. Las palabras sagradas habían sido mal pronunciadas. Un fuerte sonido explotó en el aula magna y ante todos surgió un gigantesco remolino dimensional, como si se abriera una puerta de otros mundos. Del remolino empezaron a surgir toda clase de criaturas deformes e indescriptibles, algunas sin cabeza, otras sin brazos o multitud de ellos, otras volaban de forma errática, otras serpenteaban por el suelo. Todas ellas emitían sonidos chirriantes y crepitantes y despedazaban ferozmente a los acólitos que encontraban a su paso, quienes eran descuartizados y devorados mientras chillaban y sollozaban despavoridos, intentando salvar sus miserables vidas. Los gritos de los acólitos se mezclaban con los siniestros rugidos de las criaturas, que parecían disfrutar de su inmensa masacre. La gran sala se convirtió en un festín de sangre y carne deshuesada, paredes de color rojo fresco, suelos enturbiados en multitud de partes humanas sin forma. El Maestre Gort y Guillermo observaban temerosos desde lo alto de la escalinata el horror que se desarrollaba ante sus ojos. Intentaban mantenerse firmes, en alerta, solo observando. Gort alzó su vara y con un rápido movimiento la incrustó dentro de un hueco existente en el dolmen. Las criaturas empezaron a acercarse por las escalinatas a su posición, pero parecían incapaces de llegar hasta ellos. Guillermo se percató que de alguna manera, aquella vara había activado una especie de barrera invisible que separaba y protegía a los dos de los abominables seres. Ahora, un cúmulo de sedientas criaturas deformes intentaban penetrar sin piedad dentro del escudo misterioso que se había creado resguardando a los dos pobres mortales que quedaban con vida. La barrera parecía no resistir mas a los poderosos ataques provenientes de las criaturas, que no cesaban en su empeño de golpear y asestar con recias acometidas el muro que protegía a los dos únicos supervivientes de la sala. Gort aferró enérgicamente con sus manos la vara incrustada en el dolmen y con un espeluznante grito gutural pronunció unas extrañas palabras a modo de conjuro. En ese instante, de la propia vara emergió un intenso destello azulado que envolvió a Gort por completo y casi de forma imperceptible, ante la presencia de Guillermo, la figura de Gort y su vara se desvanecieron por completo del aula. Guillermo estaba solo frente a las criaturas, enclaustrado y pegado junto al imponente dolmen de piedra, sin protección alguna. No había escapatoria posible. Guillermo, al filo de la muerte, sintió inesperadamente una extraña calma en su interior. Escuchó una voz, suave y hermosa que se hizo eco en su mente, susurrándole las palabras en la forma y orden que debían ser pronunciadas. "Klaatu barada nikto, klaatu barada nikto", repetía la voz una y otra vez. Guillermo, inspirado por la voz, se llenó de energía y valentía y con una voz firme y segura, pronunció las salvadoras palabras sagradas. Al instante, todo cambió. Las criaturas deformes se detuvieron en seco, como si hubieran sido zarandeadas por una fuerza invisible y de igual forma que habían llegado, comenzaron unas a desaparecer, como si nunca hubieran estado allí, mientras otras tantas volvían a ser absorbidas por el remolino que las había conducido hasta el aula. Guillermo se desplomó en el suelo, exhausto y temblando, medio aturdido. —Levanta Guillermo —se escuchó una voz en la sala. —¿Quién eres? —preguntó Guillermo. —¿Acaso no lo sabes? —contestó la voz—, acabo de convivir en tu propia mente. —Entonces, ¿eres real? —preguntó Guillermo. —Tan real como el latido temeroso de tu joven corazón y ahora debes acompañarme. —Pero las palabras han sido pronunciadas correctamente —Fueron pronunciadas, pero siento decirte que no lo hiciste de la forma adecuada. Ahora debes pagar un alto precio por ello —¿Te parece poco precio que todos hayan sido masacrados? —No fui yo quien erró en sus palabras, ahora un precio debes pagar

jueves, 16 de marzo de 2023

44. De dichos y refranes, solucionamos los males

—Antes de haber hecho nada, debiste consultarlo con la almohada —dijo Fabián —Da igual, a lo hecho, pecho —contestó Josema. —Ya sabes, afortunado en el juego, desafortunado en amores —dijo Fabián. —Pensé que los amores reñidos eran los más queridos, pero me equivoqué.
—Puede que tengas razón, pero al mal tiempo, buena cara —dijo Fabián. —Eso es, a otro perro con ese hueso —contestó Josema. —Exacto y agua pasada no mueve molino —dijo Fabián. —Y me avisaste, agua que no has de beber déjala corrercontestó Josema. —Cada moneda tiene dos caras y ya hemos visto la suyadijo Fabián. —Ella se fue con otro y yo estoy con otra, así que cada oveja con su pareja. —Bien está lo que bien acabasentenció Fabián. —Mucho peor fue lo de Andrés, que solo te quiso por el interés —dijo Fabián. —Amigo por interés, no dura porque no lo escontestó Josema.
—De desagradecidos está el infierno lleno
—dijo Fabián.
—Antes se coge al mentiroso que al cojocontestó Josema. —No debes preocuparte, a cada cerdo le llega su San Martín —dijo Fabián.
—Ya se lo he advertido, arrieros somos y en el camino nos encontraremos. —Cada uno se conoce por sus obras —dijo Fabián. —Por lo que me ha hecho con ella, que ahora cada palo aguante su vela. —Y al pan, pan y al vino, vino —dijo Fabián. —Cada uno en su casa y Dios en la de todoscontestó Josema.
—De todo hay en la viña del Señor —sentenció Fabián.

—Lo mejor será que cada mochuelo a su olivo —dijo Fabián. —Gracias por tus consejos, con la verdad se llega a todas partes —dijo Josema. —Bueno, soy aprendiz de mucho, maestro de nada —dijo Fabián. —Con la intención basta —contestó Josema. —Y recuerda, cuando una puerta se cierra, otra se abre dijo Fabián. Desdichas y caminos hacen amigos contestó Josema.
—Del viejo, toma el consejo —dijo Fabián. —Como suele decirse, quien habla con refranes, es un saco de verdades. —Si, pero persona refranera, persona porculera —dijo Fabián. —Vaya, nunca te acostarás sin saber una cosa más —contestó Josema. —Bueno, cada maestrillo tiene su librillo —sentenció Fabián

lunes, 13 de marzo de 2023

43. Arnaldo, Oswaldo y compañía

—No, eso es parte del tronco de un árbol —dijo el ñu Oswaldo mientras se acercaba hacia la orilla del rio. —Ten cuidado compañero, porque, aunque parezca que es parte del tronco de un árbol, es un cocodrilo —respondió el ñu Arnaldo. —Es el tronco de un árbol, no hay más discusión —reincidió Oswaldo en su respuesta. —Te insisto de nuevo, eso de ahí es la espalda de un cocodrilo —dijo el ñu Arnaldo. —No, te equivocas. Es el tronco de un árbol flotando —dijo Oswaldo rectificando a su compañero. —¡No y no!. ¡Es un cocodrilo! —exclamó Arnaldo tocando temeroso con una de sus patas delanteras a aquel objeto que era causa de su discusión. —Lo ves, lo has tocado y ni se ha movido. Si fuera un cocodrilo ya te habría atacado —dijo Oswaldo con aire de satisfacción—. Es evidente que se trata de parte del tronco de un árbol flotando en el agua. —Te sigo diciendo que esto no es el tronco de un árbol, esto es un co-co-dri-lo —dijo Arnaldo con tono enfadado mientras se disponía a subirse encima de aquel objeto. —No sigas insistiendo compañero, eso es el tronco de un árbol anclado cerca de la orilla del rio. Un cocodrilo ya te habría devorado —dijo Oswaldo resignado. —¡Es un cocodrilo, un coco... —exclamó Arnaldo en su último suspiro mientras era engullido de un solo bocado por un gigantesco cocodrilo que había permanecido inmóvil cerca de la orilla del rio durante el transitado diálogo mantenido por Arnaldo y Oswaldo. —Vaya, pues Arnaldo tenía razón, es un cocodrilo —dijo Oswaldo apesadumbrado. —No, eso es parte del tronco de un árbol —dijo el ñu Bernardo mientras se acercaba hacia la orilla del rio.

viernes, 10 de marzo de 2023

42. Los cinco monos

En la sala ya estaban dispuestos los cinco monos de seguimiento. Estaban hambrientos y llevaban varias horas sin comer. En el centro de la estancia, se situaba una escalera que llegaba hasta casi el final del techo y donde, si se llegaba al último peldaño, permitía obtener un racimo de apetitosos plátanos que colgaban de una cuerda suspendida en el techo. Una sirena sonó en toda la habitación y los monos fueron liberados de sus jaulas, los cuales enseguida empezaron a observar el lugar en el que se encontraban.

Al poco tiempo, uno de los monos se dio cuenta de la existencia del racimo de plátanos que se situaba colgado del techo, por lo entendió que la forma más sencilla de acceder a ellos era subiendo por la escalera. En cuanto el mono subió por la escalera y pisó el último peldaño para atrapar los plátanos, recibió en sus pies una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo, lo cual le produjo la decisión de desistir inmediatamente de su aventura y bajar cuanto antes de aquella escalera. A su vez, un dispositivo automático se había activado y desde todos los rincones de la habitación ahora emergía levemente una gruesa manguera que rociaba a todos los monos con agua completamente helada, hecho que incomodaba terriblemente a todos los monos de la sala que saltaban y chillaban sin saber donde poder evitar el agua que los estaba calando. Una vez los simios se hubieron calmado, otro de los monos se fijó nuevamente en los plátanos que colgaban en el techo muy próximos al final de la escalera, por lo que el nuevo mono quiso también probar a coger el racimo de plátanos que tan suculento se mostraba ante su mirada. El mono subió por la escalera y llegó hasta el último peldaño y al igual que había sucedido antes, recibió una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo. Era tan intenso el dolor que le invitó inmediatamente a bajar hacia el suelo. A su vez, el dispositivo ya se había activado y de las mangueras volvieron a lanzarse fuertes chorros de agua helada que se dispersaban y calaban completamente a todos los monos de la sala. Este proceso se repitió tantas veces cómo fue el deseo de los primates por conseguir los plátanos. A veces repetía en su anhelo alguno de los monos que ya lo había intentado antes y en otras ocasiones probaban fortuna el resto de monos que aún no habían subido por la escalera. El hecho era que pasadas dos horas, todos los simios habían recibido sus correspondientes descargas eléctricas en la escalera, así como habían recibido todos tremendos chorros de agua helada. Los monos estaban desconcertados y no podían llegar a comprender la situación y aunque estaban hambrientos y sabían de la existencia del racimo de plátanos situado al final de la escalera, ninguno de los simios se atrevía tan siquiera a tratar de subir por ella. Tal era la situación que en cuanto alguno de los monos se le ocurría acercarse a la escalera para alcanzar los plátanos, el resto de monos le impedían el paso aleccionándole y aplicándole fuertes golpes por todo su cuerpo hasta que el desorientado mono entendiera que había que desistir de la tentativa. Habían pasado ya varias horas y los primates permanecían hambrientos, sentados en el suelo, sin saber que hacer. Una compuerta pequeña se abrió y uno de los monos fue llevado hacía ella para ser sustituido por un nuevo mono, el cual, enseguida empezó a fijarse en el entorno y en el racimo de plátanos. El nuevo mono, que también llevaba algún tiempo sin comer, decidió dirigirse con decisión hacia la escalera situada en el centro de la sala. En el mismo instante que el nuevo mono posó una de sus manos en la barandilla de la escalera para subir a tomar los plátanos, el resto de monos empezó a agredirle a base de contundentes golpes por todo su cuerpo, mientras todos chillaban y saltaban agitados. El nuevo mono no podía entender nada de lo que estaba sucediendo, pero tras varios tanteos se dio cuenta que evidentemente era un peligro para su vida acercarse a la escalera para subir y lograr coger el apetecible racimo de plátanos. Siguió pasando el tiempo en la sala y los monos permanecían tumbados en el suelo, aburridos y hambrientos pero siempre pendientes que ninguno de sus compañeros se acercara a las escaleras. De nuevo la compuerta se abrió y uno de los antiguos monos fue reemplazado por un nuevo mono que nada sabía de lo que sucedía en aquella habitación.
Como había ocurrido anteriormente, los siguientes pasos se reprodujeron de la misma forma que la vez que entró el primer mono de reemplazo. El nuevo mono tras observar el lugar se percató de la existencia del racimo de plátanos y al estar hambriento decidió encaramarse a la escalera. En cuanto se dispuso a tomar la barandilla de la escalera, el resto de monos, incluido el primero de los monos de reemplazo, se abalanzaron abruptamente contra el nuevo mono que fue sometido a una fuerte paliza, recibiendo golpes por todo su cuerpo mientras todos gritaban y chillaban sin cesar. Tras alguna que otra pausa, el nuevo mono probó toda clase de artimañas para poder acercarse a la escalera, pero el resto de simios le hacían entender que en cuanto se acercara demasiado, su recompensa sería un buen cúmulo de porrazos que no cesarían hasta que desistiera.
Uno por uno, el resto de los primeros monos que aun quedaban en la estancia fueron reemplazados por nuevos monos que nada sabían de lo que acontecía allí. Como en anteriores ocasiones, las acciones se repitieron de la misma forma y cada vez que alguno de los nuevos monos deseaba obtener aquel racimo de plátanos acercándose a la escalera, el resto de monos le obsequiaba con fuertes reprimendas de cachetes y guantazos por haberlo pretendido lograr.
Ahora permanecían cinco monos hambrientos, tumbados y cansados en el suelo de la estancia, molidos a palos entre ellos mismos, inquietos y desconcertados, sabiendo que su excitado apetito estaba al alcance de una escalera, pero por alguna extraña razón, ninguno de ellos se atrevía tan siquiera a intentar hacerse en posesión de aquel suculento racimo de plátanos que permanecía inmóvil, colgado en el techo.

martes, 7 de marzo de 2023

41. El baile eterno

El reloj de arena volvió a girar y un sistema de engranajes se activó. La música clásica barroca volvió a escucharse en aquella enorme sala en penumbras, lúgubre y seca. En un rincón del salón, una chimenea de piedra renegrida y tallada añadía cierto toque de calidez y confort, aunque las brasas permanecían medio apagadas y varias cenizas se esparcían por el suelo en pequeñas nubes grises. El Creador se acercó a la gran mesa de trabajo de mantel de encaje que se situaba al fondo de la sala, en donde encendió varias velas que ahora parpadeaban suavemente en el aire denso y cargado. Sobre la mesa, depositó y prendió un farolito de color cobrizo que desprendía algo de lumbre. Observó el pequeño libro que permanecía abierto por su última página. Lo cogió con cuidado y volvió a abrir el libro por su primera página. Al instante, el Creador reunió todos los materiales que necesitaba para trabajar, muchos de ellos seguían en el suelo negruzco del centro de la sala, aunque algunos parecían inservibles, como si se hubieran quemado o deshecho hacía poco tiempo y ya no eran demasiado favorables para su uso. Tras reunir todos los materiales del suelo que le parecieron oportunos, el Creador se aproximó nuevamente a su mesa de trabajo y movió con fuerza una enorme palanca de asas doradas que se situaba cerca de una compuerta de hierro desgastado de no más de medio metro de longitud. Al poco tiempo, la compuerta de hierro se abrió bruscamente y de ella empezaron a salir toda clase de objetos, botones, remaches, piedras de colores, cremalleras, telas de varios colores, algodones variados y diferentes tipos de hilo y aguja. El Creador respiró con profundidad, tomo para sí un momento, un suspiro, un silencio, una pausa leve y de nuevo, desde lo más profundo de su entre cosido corazón, empezó a leer cada página del libro siguiendo las indicaciones con riguroso cuidado, página por página. Sus manos trabajaban meticulosamente en cada detalle, cada puntada de hilo, cada remate completado a su máxima perfección, cada botón en su lugar propicio. Tijeras, aguja e hilo le habían sido suficientes para concluir su creación, en donde cada detalle había sido depositado en la obra con la mayor prudencia y afecto que su Creador había podido ofrecer. En tan solo una hora, la obra ya estaba casi concluida, la última página del libro había sido leída y el reloj contaba en cada uno de sus granitos de arena, el caduco tiempo del Creador. Tras los últimos ajustes y correcciones, su Creación ya estaba finalmente terminada y su Creador decidió llevarla con prudencia al centro del salón, irguiéndola en pie para poder observarla con atención. De repente, la música dejó de escucharse y se produjo un devastador silencio en toda la habitación. El Creador y su Creación se encontraban ahora el uno frente al otro y paulatinamente empezó a sonar una hermosa melodía que invitaba a iniciar un ceremonioso y animado baile. La Creación abrió los ojos y las miradas de los dos se fusionaron la una con la otra, como si llevaran unidas sus almas desde hacía mucho tiempo. Sus manos se entre lazaron y sus pies empezaron a moverse perfectamente sincronizados al ritmo de la música que les envolvía. En el suelo, de madera oscura y antigua, se percibía un desmesurado desgaste, lleno de arañazos y marcas que contaban historias de bailes pasados. Las miradas de los dos amantes eran intensas y penetrantes y se respiraba un hermoso ambiente de ternura y cariñó. Se escuchó una breve alarma silbante en el angosto salón y la música dejó de escucharse, poco tiempo quedaba para ellos. Los dos quedaron inertes en mitad de la estancia. Sus manos se agarraron con fuerza, sus miradas se unieron en un penetrante sentimiento de amor y sin pronunciar ningún sonido se abrazaron con eterna pasión. Del reloj cayó finalmente el último grano de arena y una extraña brisa fue recorriendo y apagando las llamas del farolito y las escasas velas que iluminaban el lugar. Sin apenas darse cuenta, el cuerpo del Creador se fue marchitando, descosiéndose de sus hiladas, consumiéndose hasta que todo quedo reducido a nada. Su ser ahora era un montón de restos de partes de telas, cremalleras y remaches, botones y piedras, que se deshacían y quemaban en la mitad de la sala. El reloj de arena volvió a girar y un sistema de engranajes se activó...

sábado, 4 de marzo de 2023

40. Incomprendidos

—Buen día señor, usted me dirá. —Pues alrededor de uno setenta y dos —dijo Evaristo. —No, me refiero a que va a ser —dijo el camarero. —Pues programador, estoy estudiando para ser programador. —Vamos a ver, que ¿Qué quiere? —preguntó el camarero. —Quiero tener un buen trabajo, formar una familia e intentar ser feliz, principalmente. —No me está entendiendo, le pregunto por lo que desea tomar. —A mi futura esposa, aunque todavía no me he decidido a pedírselo —respondió Evaristo. —Señor, ¿me podría informar sobre el tipo de bebida que desea beber en este establecimiento? —¡Ah!, ahora ya le he comprendido —dijo Evaristo—. ¿Qué hay? —Pues aquí, lavando vasos y en un rato me iré a preparar las mesas para los clientes, poco mas —respondió el camarero.

miércoles, 1 de marzo de 2023

39. A la cuarta va la vencida

Tras afrontar que ya no era el mismo de antes, se miró al espejo y con un profundo suspiro volvió a la sala con el resto de soldados resurgidos. —Perdona, entonces, ¿ya no vuelas? —preguntó uno de los soldados. —Al parecer, he perdido esa facultad —contestó Tomás. —De hecho, ni vuela, ni sabe lo que le ha pasado, ni puede detener este nuevo reinicio. Solamente podemos tener fe en que ella pueda salvarnos —dijo el general Siesta. —Pero ella sigue incubada y dormida, ¿Cómo vamos a rescatarla? —preguntó otro de los soldados. —Si Tomás está aquí es porque aún existe una conexión entre los dos, por muy triste que nos parezca —dijo el general Siesta—. Por lo tanto preparadlo todo, conectar a Tomás a una de las sillas de lanzamiento y necesito tres voluntarios para la operación de asalto. —No quiero que se arriesguen más vidas por mi culpa —dijo Tomás. —Querido, ya has puesto muchas vidas en peligro y a otras muchas tantas a las que ayudaste a despertar, pero es hora de acabar con todo esto. La primera vez que esto sucedió nos entusiasmó la idea, la segunda vez se nos hizo algo recargada, la tercera vez no fue ni tan siquiera revolucionaria, sino más bien insufrible pero esta cuarta ha llegado al límite de lo insoportable. Por lo tanto, es tiempo de acabar con esta realidad, sea como sea, no queremos que existan opciones a una nueva resurrección. —Pero tengo unas cuantas dudas, ¿Qué pasará con el perito?¿y el afilador de llaves?¿que será del procurador de horóscopos?¿y del psicoanalista?...y más aún, ¿Qué será del señor Smity? —preguntó Tomás. —¿Acaso importa? —contestó el general Siesta—. Cientos de páginas se escribieron hace años sobre todo este asunto, grandes teorías se debatieron y medio planeta estuvo pendiente de averiguar la verdad de lo que aquí sucedía y todo ha quedado en nada, reducido a migajas, a una versión horrenda, cutre y sin sentido donde algunos siguen queriendo perseguir a conejitos blancos asustados, mientras deciden si prueban pastillas azules o rojas. —¡General!, nos estamos demorando y no hay tiempo que perder —dijo alarmado el teniente Sauce. —Conforme. En sesenta segundos daremos el salto a la entidad generadora de otra realidad. —dijo el general Siesta—. Una vez liberemos a la general Trineo, focalizaremos el fuego cruzado en los agentes transgresores hiper cuánticos y recemos para que Trineo cobre consciencia lo más rápido posible. Cuando verifiquemos que está recuperada, necesitamos que reactive los detonadores de protones de pulso MTX-BDR-04. En cuanto estén activos, la Matriz de generador de eventos, esta vez si, desparecerá por completo y por fin nuestras ciudades, Nois y Calisto, quedarán liberadas para encontrar su verdadera naturaleza. —Recemos para que así sea, un quinto reinicio sería algo que no creo que ni yo ni nadie vayamos a poder soportar —aseveró con firmeza el general Siesta.