—Dígame, ¿Qué le sucede? —preguntó el doctor Yema. —Verá doctor, la semana pasada, conduciendo mi furgoneta de reparto, se me cruzó un coche de forma temeraria y tuvimos una colisión leve. Pero al día siguiente, empecé a notar que tenía ciertas molestias dolorosas en varias partes de mi cuerpo. —Y ¿Qué le duele exactamente? —preguntó el doctor Yema. —Un huevo. —Me refiero a que le duele, no a cuanto le duele —aclaró el doctor Yema. —Me duele un huevo. —Vamos a ver señor Duro, no quiero saber ahora mismo cuanto le duele, sino el qué le duele —dijo el doctor Yema. —Perdone doctor, igual me estoy expresando de forma incorrecta. Me refiero a que me duele uno de mis testículos. —Ah, entiendo, y ¿Cuánto le duele? —preguntó el doctor Yema. —Un huevo. —No señor Duro, eso ya lo sabemos los dos, pero ahora me refiero a que quiero conocer cuanto le duele —dijo el doctor Yema. —Me duele un huevo. —Señor Duro, le repito que ya entendí que le duele uno de sus testículos, pero ahora necesito saber cual es el índice de dolor que tiene en el testículo. —Perdone doctor, igual me estoy expresando nuevamente de forma incorrecta. Quiero decir que el dolor es muy intenso en mi testículo derecho —contestó el señor Duro. —Me estoy dando cuenta señor Duro, que en mi consulta voy a tener que prohibir que se pronuncie la palabra huevo. —Le entiendo doctor, pero intuyo que lo va a tener complicado con esa prohibición, porque por ejemplo, si me preguntara por mi profesión, yo precisamente soy un vendedor de huevos. —Bueno, a mi no me interesa saber si usted es un grandísimo vendedor de lo que sea que usted vaya vendiendo a los demás. —Se lo estoy explicando doctor, soy un vendedor de huevos. —Ya le he comentado que mejor no utilicemos esa palabra y poco importa lo bueno que sea vendiendo lo que sea que venda. —Perdone doctor, pero creo que no me ha comprendido Quise decir que soy vendedor de cierto elemento redondeado producido por las hembras de diversas especies, en mi caso concreto de las gallinas, las cuales cobijan al germen de un embrión y almacenan las sustancias que nutren a éste en el marco de la incubación. —¡Manda huevos! —exclamó el doctor. —Exactamente doctor. Mando huevos de unos sitios a otros. Los cargo en paquetes desde mi granja y de ahí los transporto a varias tiendas para poder venderlos. —Siempre he dicho que me equivoqué al especializarme en esta rama de la medicina —dijo finalmente el doctor con cara de resignación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se amable por favor. Cualquier comentario inapropiado será censurado