—No entiendo porque todos nosotros tenemos que seguir aquí siempre obedeciendo sin rechistar y sin discusión posible, mientras que tú nunca ofreces ni razonamientos ni explicaciones y todos acatan sin oposición alguna, de verdad que no lo entiendo.
—Algún día lo entenderás compañero, de momento solamente puedo decirte que sigues siendo el número treinta y dos. Y tal como se lo dijo, marchó despreocupado y feliz el afamado "Artículo 33"
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