jueves, 9 de febrero de 2023

33. El reto

—¿Cómo has dicho que te llamas? —preguntó Teodoro. —No he pronunciado mi nombre aún, pero se me conoce por muchos nombres —contestó la Voz. —Te refieres a que tienes varios nombres compuestos, ¿verdad? —Podría ser, aunque no es del todo correcto —contestó la Voz. —¿Podrías decirme alguno de ellos? —volvió a preguntar Teodoro. —Si insistes con tanta perseverancia te diré tan solo uno de ellos...pero quiero algo a cambio. —No sé como podría ayudarte, ¿Qué quieres? —preguntó Teodoro. —Te propongo un reto. Si al decirte uno de mis nombres, eres capaz de responderme después con al menos once de cualquiera de mis otros nombres con los que soy conocido, de cualquier cultura y de cualquier época, te concederé un deseo. —Podría aceptar el reto, pero seguro que es una trampa y tu nombre solo tiene varias acepciones —dijo Teodoro —. Además, todavía no me has dicho que quieres a cambio en el caso que no consiga el reto que me propones. —Tu alma Teodoro, quiero a cambio tu alma —sentenció con profundidad la Voz. —¡Ja, ja, ja!, ¿Estás queriendo insinuar que eres el Diablo? —preguntó Teodoro con tono irónico. —Es uno de los muchos nombres por el que se me conoce, aunque ciertamente es uno de los más vulgares —contestó la Voz. —Sabiendo ya quien eres, acepto el reto, señor Diablo —dijo Teodoro con tono burlón. —Así sea entonces —dijo la Voz—. Pronuncia once nombres por los que soy conocido y como ya has mencionado uno de ellos, queda descartado el Diablo. —Bien, de acuerdo, acepto. Vamos allá. Déjame pensar: El Diablo, Satanás, Belcebú, Mefistófeles, Azazel, Lucifer... —¿Eso es todo?¿No sabes mas nombres?. De momento solo has pronunciado cinco de ellos, ya que como dije, el Diablo quedaba descartado —dijo la Voz. —¡Un momento, un momento!, estoy tratando de pensar —dijo alterado Teodoro—, Mefistófeles, Pazuzu...¡Ah si!, ¡El Demonio! —Correcto, pero tan solo llevas ocho, aún te quedan tres mas por pronunciar —dijo la Voz. —Estoy pensando pero me interrumpes constantemente y no me dejas que me concentre —volvió a hablar Teodoro con cierta angustia. —En ningún momento he querido distraerte mi querido Teodoro, incluso te animo a que sigas pensando. Tan solo debes pronunciar tres nombres mas —dijo la Voz. —Bueno, alguna ayuda si puedes darme, ¿verdad? —preguntó Teodoro. —No, ninguna ayuda puedo ofrecerte. —¡El Príncipe de las Tinieblas! —dijo Teodoro entusiasmado. —Ese es un título que se me atribuye, no es realmente uno de mis nombres, pero esta bien, solo por esta vez te acepto el título como nombre válido —dijo la Voz—. Te quedan dos nombres por pronunciar. —¡El Anticristo! —exclamo Teodoro con excitación. —Muy bien. Solamente te queda por pronunciar uno de mis nombres y un único deseo que me pidas te será concedido. —El Diablo debería ser válido y con eso ya haríamos los once nombres —dijo Teodoro enojado. —Lo siento Teodoro, pero las reglas las establecimos antes de que aceptaras el reto, ahora no puedes cambiarlas. —¡Esta bien, esta bien!. Tan solo me queda un nombre, no creo que sea tan difícil. Solo tengo que concentrarme y el reto lo tengo ganado —dijo Teodoro—. ¡Lo tengo!, ¡el Ángel caído! —No es correcto. Si tuvieras una pizca de conocimiento bíblico, deberías saber que hubo muchos como yo que fueron expulsados como ángeles caídos y a su vez y como ya te informé anteriormente, ese es un título que se me otorga, pero no es estrictamente un nombre. Ya te acepté un título y te dije que no aceptaría otro mas. Te sigue faltando un nombre —dijo la Voz. —Ya te he dicho los once que me pediste, ¡he ganado el reto! —exclamó Teodoro. —Tus nervios te traicionan. ¿Intentas acaso engañar al maestro del engaño?. Bien Teodoro, tu tiempo se agota y sigues sin pronunciar el nombre que te falta —dijo la Voz. —Me lo acabas de decir tú mismo, ¡El Maestro del Engaño!. ¡Ja, ja, ja!. ¡Te he ganado! —Adorable tu insistencia en querer hacerme creer que has vencido el reto, pero una vez mas pronuncias uno de mis títulos pero no es uno de mis nombres. Te sigue faltando un nombre por pronunciar —dijo la Voz. —Dame unos minutos. Solo me interrumpes y no aceptas las respuestas que te doy. ¡Eres un tramposo!. —Te agradezco que me describas con tales palabras, pero en ningún momento he realizado trampas contigo. Vamos Teodoro, insisto, te queda un nombre por pronunciar —dijo la Voz. —No tengo miedo de este estúpido reto, Yo lo he conseguido y por mi parte no tengo que decir ningún nombre mas —sentenció Teodoro. —Si esa es tu decisión, que así sea —dijo la Voz—. Ahora y para que comprendas que era un reto bastante fácil, enumeraré alguno de los muchos nombres por los que soy conocido y que tú has sido incapaz de pronunciar. La habitación donde se encontraba Teodoro cambió bruscamente de color, tornándose poco a poco hacia colores ocre y oscuros profundos, inundando la sala de una desconcertante lobreguez. El silencio se hizo eterno y súbitamente, desde todos los rincones de la estancia, retumbó una siniestra y áspera voz que iba pronunciando, uno a uno, nombres jamás escuchados desde hacía siglos. Nombres de deidades antiguas de dioses alabados, otras veces temidos...Adrammelech, Eligos, Oberon, Fafnir, Typhone, Enki, Baal, Tiamat, Astaroth, Uvall, Hades, Zagan, Iblis, Valefar, Lilith, Nergal, Ahpuch, Moloch, Shaitan, Eshu, Set, Xolotl, Baphomet, Níx, Eblis, Raum, Samael, Leraie, Eris, Vepar, Adrammelek, Cimeries, Erebus... A cada nombre que se escuchaba en aquel cuarto, Teodoro sufría grandes espasmos, sus ojos se desencajaban, su piel se consumía, sus carnes se abrían como si feroces zarpazos estuviera recibiendo y su cuerpo sucumbía en un deshumanizante dolor que le partía por dentro y le desgarraba, como si su alma quisiera salir de su encierro corporal para poder aliviar semejante castigo...

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