jueves, 19 de enero de 2023

29. El último deseo

—A vuestro servicio mi señor —dijo una voz profunda. —Por mis dioses, ¿Quién eres tú? —preguntó sorprendido Agustino. —Soy el Genio de la lámpara mágica, ahora vuestro siervo, oh mi señor. Me habéis liberado y por lo tanto os concedo un deseo —respondió el Genio. —Pero si estaba limpiando esta botella vieja de vino y el corcho se disparó por si solo, no comprendo nada. Un Genio de lámpara precisamente no eres —dijo Agustino con ironía. —Lo sé mi señor. Mi envase original era una lámpara pero con el paso del tiempo he ido cambiado de recipientes de cuando en cuando. Pero decidme mi señor, ¿Qué único deseo deseáis? —preguntó el Genio. —Un momento. Normalmente el Genio de los deseos otorga tres deseos y tú solamente me estás ofreciendo uno. —Así es mi señor. Los cuentos mágicos suelen hablar de tres deseos pero en realidad siempre fue un único deseo. Y bien mi señor, ¿Qué deseo tenéis en mente para realizar? —volvió a preguntar el Genio. —Siendo así, déjame pensar...ya lo tengo, quisiera que me concedieras en mi único deseo, la posibilidad de poseer tres deseos mas para poder pedirte —dijo con cara de satisfacción Agustino. —Concedido mi señor. Ahora tenéis tres deseos, ¿Qué deseáis ahora mi señor? —No sé, estoy improvisando sobre la marcha. Déjame pensar de nuevo. Veamos, si me has concedido tres deseos mas significa que no existe una norma que me impida pedir mas deseos, pero si podría suceder que existiera alguna regla que desconozco y que me hiciera gastar uno de mis deseos en algo que no me puedes conceder, ¿Me equivoco Genio? —preguntó Agustino. —¿Es su deseo saberlo mi señor? —preguntó el Genio. —Si, es mi deseo. —Ciertamente mi señor, existen una serie de reglas y normas, pero de momento no ha infligido ninguna de ellas, por eso he concedido lo que me pedisteis —contestó el Genio. —En ese caso —dijo Agustino—, mi siguiente deseo es ser conocedor de todas las reglas y normas que existen a la hora de pedirte deseos —dijo Agustino con firmeza. —Concedido mi señor. Ahora os vuelve a quedar un único deseo, ¿Qué deseáis ahora mi señor? —Lo sé Genio, de hecho ya sé cual va a ser mi siguiente deseo —dijo Agustino. —Decídmelo y os lo concederé —dijo el Genio. —Deseo que siempre que me quede un último deseo por pedir, como es el caso actual, este deseo se convierta en tres deseos mas —sentenció Agustino. —Pero mi señor, si os concediera lo que me pedís tendríais infinitos deseos y jamás podría liberarme de vuestro yugo —dijo contrariado el Genio. —Dime Genio, ¿Cuál es tu mayor deseo personal? —preguntó Agustino dirigiendo su mirada a los ojos del Genio. —Mi señor, esa cuestión jamás me la preguntó ninguno de mis anteriores dueños y debo decir que solamente tengo un anhelo —respondió el Genio. —Entonces, dime, ¿Cuál es ese deseado anhelo? —preguntó Agustino. —Mi deseo es ser libre. La libertad de romper con la maldición eterna que me obliga a estar encerrado, siempre esperando a ser liberado por mi siguiente amo. Pero mi maldición es eterna, puesto que en cuanto hago satisfacer a mi amo en su deseo, vuelvo sin remedio al recipiente del que provengo y de nuevo quedo encerrado, Quisiera ser libre, ser mortal y poder vivir una vida sencilla hasta la hora de mi muerte, sin tener que ser el siervo de nadie nunca mas —respondió el Genio afligido. Dicen que en aquellos tiempos se forjó la leyenda de un ser humano que llegó a hacer grandes proezas, algunos pensaron que era una deidad, otros pensaron que era todo cosa de cuentos, pero en el corazón de un desconocido hombre mortal, siempre albergó un profundo sentimiento de agradecimiento, en el corazón del que hubiera sido por mucho tiempo, un Genio.


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