La voluntad de Fran no se basaba en prestar precisamente atención a lo que se decía en aquella enorme sala.
Miró su reloj, se levanto impulsivamente, cogió su abrigo y salió apresuradamente del lugar sin mirar ni dirigirse a nadie.
Alzó la mirada hacia la pantalla digital del enorme edificio que se encontraba enfrente suyo, un marcador indicaba las 15:00 en punto.
Era la hora exacta. De uno de los bolsillos de su abrigo sacó un pequeño artefacto esférico metálico, liso y brillante, parecía pesado. Accionó un pulsador y en el mismo instante que lo apretó, ante la extraña mirada de todos los allí presentes, desapareció.
Mientras, una enorme sala, ardía estrepitosamente...
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