Desde la gran sala en la que se encontraban, el Dr. Incertidumbre abrió el dispositivo, estaba lleno de botones y luces de colores. En el centro, había dos grandes pulsadores rojos y redondos.
—Y ahora supongo que pretenderás, justo en el ocaso de tu miserable existencia, que te ofrezca todo tipo de detalles sobre mi gran plan maestro, ¿verdad? —pronunció el Doctor dirigiendo su mirada de reojo hacia Howard mientras este seguía sangrando levemente por el labio inferior. —La verdad es que si, me has leído el pensamiento —respondió el maltrecho de Howard, quien permanecía atado de pies y manos en una silla de tortura. —Bien, ciertamente no puedo resistirlo, para eso soy el malo de esta historia —contestó el Doctor en tono irónico—. La realidad es que uno de estos dos pulsadores, si se acciona, provocará que un misil de largo alcance despegue de una base secreta localizada en el Mar Báltico y en cuestión de minutos haga su detonación en un país digamos proclive a responder atómicamente. Evidentemente la respuesta de este pais provocará que otros paises rivales se pongan en alerta y genere una cascada al unísono de cientos de lanzamientos de misiles nucleares por todo el planeta...excitante, ¿no crees? —No entiendo, ¿qué se supone que vas a ganar con todo esto? —preguntó Howard. —Ja ja ja, ¿ganar?, no quiero ganar nada. Desde mi mas tierna infancia he vivido y sufrido la mediocridad e hipocresía repugnante del ser humano, sin duda alguna, la peor especie del planeta. Dime, una sociedad podrida como la nuestra, ¿debería seguir en este mundo? —preguntó el Doctor. —Bien, estoy de acuerdo —respondió Howard intentando pensar rápidamente en dar una buena respuesta para ganar más tiempo—, pero al exterminar toda la especie humana también vas a destruir la propia naturaleza en si misma, el planeta se convertirá en un desecho radioactivo donde la vida, cualquier vida, será aniquilada. —Querido Howard —dijo el Doctor acercándose a pocos centímetros de Howard—, es evidente que la destrucción será globalizada pero ya sabes, es lo que suelen llamar 'efectos colaterales'. El objetivo de una causa puede estar por encima de males menores o de menor escala, aunque no sean deseados en el fondo, Debemos asumir este tipo de consecuencias. Y recuerda, yo no soy quien acabará con el planeta, podrás pensar que fui quien facilitó la chispa para que el resto de estúpidos mortales se maten los unos contra los otros, pero no seré yo el culpable directo de esa hermosa masacre. —Oh vamos, no puede ser que no tengas ni el más mínimo sentimiento por nadie en esta vida —respondió alterado Howard. —Créeme querido...no lo tengo —replicó el Doctor con ternura mientras apoyaba una de sus manos en la mano izquierda de Howard. El Dr. Incertidumbre volvió a acercarse al dispositivo, dirigió su brazo hacia uno de los dos enormes pulsadores rojos y se dispuso a apretar uno de ellos. —¡Un momento! —exclamó Howard—. Ya que has decidido acabar con todo y contarme todos tus planes, al menos dime, ¿para que es el otro pulsador rojo?¿es un pulsador para detener esta locura? —Sinceramente querido, no tengo ni la más remota idea...creo que es para que me traigan de inmediato un café con leche —respondió el Doctor entre carcajadas. Las vistas desde la guarida secreta eran espectaculares, desde la amplia sala ornamentada con formidables cristaleras, se veía un cielo color azulado que se iba tornando en colores amarillos anaranjados y sobre todo, un fuerte color rojizo que parecía avanzar por todas partes abarcando cualquier esencia de vida.lunes, 29 de noviembre de 2021
viernes, 26 de noviembre de 2021
8. El Abandono
Llevaba años observándole, demasiados pensaba incluso. Siempre había aparecido a unas horas específicas, sobre todo en la mañana y luego a última hora de la noche.
Tenía una extraña manía de mostrarse obscenamente desnudo, situación que hasta cierto punto le incomodaba, pero con el tiempo llegó a acostumbrarse, incluso le hacía cierta gracia observar sus gestos y sus posturas ridículas, a veces grotescas, a veces cómicas y bufonas. Pero ese día algo había cambiado. No reconocía la estancia en la que se encontraba, todo estaba sucio, lóbrego y abandonado. Miró hacia los lados pero fue en vano, él ya no estaba. Solo encontró a sus pies despojos de otros que como él, ahora estaban en pedazos, rotos o rayados.miércoles, 24 de noviembre de 2021
7. Segunda oportunidad
John seguía nadando angustiado intentando mantenerse con vida. Llevaba mas de dos horas nadando desde que cayó por la borda en una arremetida violenta e inesperada del mar junto a su amigo Robert.
—No te rindas Robert, tenemos que resistir —animaba John a su amigo para que no dejara de nadar dentro de la espesa niebla que les rodeaba. —Dame una segunda oportunidad señor, ¡dame una segunda oportunidad! —rezó John como si fuera la única vía posible para salir con vida. Pasaron diez minutos cuando John, asombrado, empezó a vislumbrar la figura de lo que parecía ser una gigantesca cruz que se abría paso entre la niebla. La cruz se hacía cada vez mas monumental ante la mirada cansada de los dos náufragos, hasta que John se percató que en realidad se trataba del mástil principal de un navío mercante. —Lo siento, pero no hemos podido hacer nada por su compañero. El frio y el cansancio le habían debilitado demasiado. El navío volvía a partir hacia su ruta. John se levanto de la camilla en la que se encontraba para mirar por última vez a la embarcación que tan fortuitamente le había salvado la vida. Sus ojos se hicieron inmensos al leer el nombre del barco: "Segunda Oportunidad".lunes, 22 de noviembre de 2021
6. La insolencia
—Seré inalterable e inmutable, me enraizaré tan profundo que ni una minúscula esencia de mi conseguirá que tú me hagas temblar.
Y voló y voló mientras se retorcían y partían las pocas ramas que aún le quedaban al necio arbusto, que seguía siendo sacudido por el espantoso huracán.viernes, 19 de noviembre de 2021
5. El pasillo
El pasillo era largo y estrecho y por mucho que observaba Beatriz, no encontraba un pequeño resquicio de luz donde poder aferrarse con su mirada. Llevaba mas de diez minutos andando por aquel ceñido y siniestro camino desde que una voz le invitara a entrar. Atravesó sin pensar el umbral de aquella misteriosa puerta ruinosa que se había cerrado súbitamente a su paso, dejándole en un oscuro y profundo silencio. Pensó en el letrero indicativo que había visto a la entrada: «Si te adentras en este lugar, nunca mires hacia atrás», por lo que siguió avanzando, a paso lento, apoyando sus manos en la fría piedra de muros altos interminables que la encarcelaban. Recordó las palabras de su amada madre cuando ella necesitaba reconfortarse de miedos de la infancia, «Todos los fantasmas solo viven en tu mente». Al recordarlas, desapareció de su cuerpo todo su miedo. Deseaba salir de aquel lugar pero a su vez era incapaz siquiera de volver atrás, el mensaje de la entrada le asustaba tanto como lo era permanecer más tiempo en aquel húmedo sitio en el que a cada paso que daba, mas y mas ahogado se hacía. Un sonido se escuchó a pocos metros delante de ella. Un macabro estruendo de gemidos moribundos y perturbadores parecían acercarse a cada segundo mas cerca de Beatriz. Volvió a recordar las palabras sabias de su madre y decidió avanzar sin premura ni temor. Si era fuerte y valerosa, su temor desaparecería, ya nada le podría detener. —Beatrizzzzz —su nombre resonó en sus oídos de forma grotesca y soez. Su nombre retumbaba a lo largo de las estrechas paredes que la mantenían cautiva en aquel silencioso y moribundo camino. De forma inconsciente, Beatriz giró la cabeza para indagar quien pronunciaba su nombre. En ese mismo instante, se dio cuenta de su error. La puerta mugrienta del pasillo volvía a abrirse y un joven muchacho asomaba la cabeza, curioso por conocer. —Hola, ¿Cuál es tu nombre? —se alzó una tierna voz endulzada en la profundidad del sombrío pasillo.
miércoles, 17 de noviembre de 2021
4. La indecisión
La tensión se hacía mas fuerte en el ambiente. El silencio se apoderó del garaje oscuro y sórdido en el que se encontraban. Los tres se miraban si saber que hacer. Jack apuntaba con su arma a Jack y este hacia lo mismo con su adversario. Violeta apuntaba con un arma a cada uno de ellos, miraba confundida la situación sin saber que hacer. —Si te disparo en la cabeza esta historia se termina y sabes que no voy a fallar —dijo Jack. —Sabes que si me disparas no sabrás jamás donde está el código —respondió con seguridad Jack—. En cambio, si yo te disparo a ti, ¿qué pierdo? —Yo soy quien conoce el paradero del código y serás tú quien pierda lo que mas quieres —respondió Jack sacando otro arma apuntando rápidamente a Violeta. Tres inminentes disparos seguidos se oyeron, el cuerpo de Jack caía fulminado al suelo con dos certeros disparos en la cabeza. —Peeeero, ¿cómo sabías que yo era realmente yo? —preguntó atónito Jack con la cara desencajada. —No lo sabía cariño, pero siempre has dicho que tienes muy mala puntería y bueno, demasiados años para saber cuando fanfarroneas —respondió Violeta. —Vámonos, creo que voy a necesitar que me atienda un médico cuanto antes, el dolor en el hombro se está haciendo insoportable —murmuró entre dientes y algo dolorido Jack
3. El último tren
El tren se apresuró en hacer sonar su último aviso, las puertas estaban a punto de cerrar. Carla y Jorge corrían apresurados temiendo perder el tren, el último que partía aquella noche hacia tierras extrañas. Mientras, en el vagón restaurante, Jaime impaciente y sudoroso, no podía esperar mas, tomaba notas apresuradas y vigilaba las dos puertas de la estancia. Secó el sudor de su frente mientras sacaba de su maletín los frascos de cristal que la noche anterior le había facilitado el Comandante Gutiérrez en la embarcación. Aquellos frascos podían ser la clave de su salvación o quien sabe, de la salvación de todos. Todo podría acabar tan solo en un intento fallido mas. Carla hizo su aparición en el vagón, sus ojos estaban llenos de lágrimas y pesar, indicando que solo ella lo había conseguido. Jaime, tomó el brazo desnudo de Carla y de un rápido golpe inyectó aquella sustancia verdeazulada en su vena. Ella grito levemente, mirándole a él a los ojos, tomó aliento y con voz rasgada susurró: —No dudes en disparar ante el más mínimo indicio que tengas. El tren seguía su marcha, dejando atrás una ciudad totalmente arrasada, ahora llena de vidas errantes con sed de carne fresca.
martes, 16 de noviembre de 2021
2. La despedida
—¿Pero cuándo estarás lista? —preguntaba Héctor un tanto nervioso. —Me queda ya poco, no sufras —respondió Teresa mientras terminaba de lavarse las manos. Al poco salieron de la casa. La puerta ya no encajaba de la misma forma por lo que la dejaron medio entre abierta. Bajaron los tres peldaños de madera que facilitaban la entrada a aquella casa que durante tanto tiempo fue su hogar, su sitio de recreo, de juegos, de risas, de lamentos. Terminaba su pesar y su desgracia, o tal vez era el comienzo de una nueva vida, abandonando los ingratos momentos que aquel lugar les había proporcionado durante tantos años de maltrato, golpes e insultos y de los que ahora solo quedaría el nocivo recuerdo. La casa estaba a oscuras, deshabitada, desordenada y sucia, aun seguía reciente el olor sanguinolento de aquel cuerpo sin vida.
lunes, 15 de noviembre de 2021
1. La hora exacta
La voluntad de Fran no se basaba en prestar precisamente atención a lo que se decía en aquella enorme sala.
Miró su reloj, se levanto impulsivamente, cogió su abrigo y salió apresuradamente del lugar sin mirar ni dirigirse a nadie.
Alzó la mirada hacia la pantalla digital del enorme edificio que se encontraba enfrente suyo, un marcador indicaba las 15:00 en punto.
Era la hora exacta. De uno de los bolsillos de su abrigo sacó un pequeño artefacto esférico metálico, liso y brillante, parecía pesado. Accionó un pulsador y en el mismo instante que lo apretó, ante la extraña mirada de todos los allí presentes, desapareció.
Mientras, una enorme sala, ardía estrepitosamente...