Llevaba años observándole, demasiados pensaba incluso. Siempre había aparecido a unas horas específicas, sobre todo en la mañana y luego a última hora de la noche.
Tenía una extraña manía de mostrarse obscenamente desnudo, situación que hasta cierto punto le incomodaba, pero con el tiempo llegó a acostumbrarse, incluso le hacía cierta gracia observar sus gestos y sus posturas ridículas, a veces grotescas, a veces cómicas y bufonas. Pero ese día algo había cambiado. No reconocía la estancia en la que se encontraba, todo estaba sucio, lóbrego y abandonado. Miró hacia los lados pero fue en vano, él ya no estaba. Solo encontró a sus pies despojos de otros que como él, ahora estaban en pedazos, rotos o rayados.
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