Seguía observando desde su asiento, en la grada superior del teatro, a aquella hermosa y bella joven que actuaba en el escenario. Marcus no podía apartar la mirada del hipnotizador encanto que ella desprendía. Sacó de su bolsillo su esfera metálica y marcó una combinación de cinco pulsaciones. Al instante, todo se paralizó a su alrededor. El tiempo, inerte y estático se hizo suyo. Miró su reloj y comprobó que las manecillas no avanzaban, por lo que decidió adentrarse entre la muchedumbre de las gradas, a la que fácilmente podía apartar con su manos para apresurar su paso hacia ella. Casi había llegado, estaba en el escenario, a dos metros, tal vez tres para poder estar a su lado. La belleza de la joven de nuevo le cautivó. Absorto de su esplendor, no se percató que su tiempo de reinicio ya se había superado y todo estaba a punto de volver a su orden. Marcus desconocía que al utilizar el mecanismo, el tiempo perdido debía volver a su estado natural y debía recuperar los segundos que el Universo había estado paralizado a sus deseos. Ante sus ojos, como si de una película en cámara rápida estuviera presenciando, observó como todos los espectadores y actores se movían a toda velocidad, recuperando el tiempo perdido y como ella, desgraciadamente, desaparecía por uno de los lados del escenario. Debía volverla a ver...
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