—No, eso es parte del tronco de un árbol —dijo el ñu Oswaldo mientras se acercaba hacia la orilla del rio. —Ten cuidado compañero, porque, aunque parezca que es parte del tronco de un árbol, es un cocodrilo —respondió el ñu Arnaldo. —Es el tronco de un árbol, no hay más discusión —reincidió Oswaldo en su respuesta. —Te insisto de nuevo, eso de ahí es la espalda de un cocodrilo —dijo el ñu Arnaldo. —No, te equivocas. Es el tronco de un árbol flotando —dijo Oswaldo rectificando a su compañero. —¡No y no!. ¡Es un cocodrilo! —exclamó Arnaldo tocando temeroso con una de sus patas delanteras a aquel objeto que era causa de su discusión. —Lo ves, lo has tocado y ni se ha movido. Si fuera un cocodrilo ya te habría atacado —dijo Oswaldo con aire de satisfacción—. Es evidente que se trata de parte del tronco de un árbol flotando en el agua. —Te sigo diciendo que esto no es el tronco de un árbol, esto es un co-co-dri-lo —dijo Arnaldo con tono enfadado mientras se disponía a subirse encima de aquel objeto. —No sigas insistiendo compañero, eso es el tronco de un árbol anclado cerca de la orilla del rio. Un cocodrilo ya te habría devorado —dijo Oswaldo resignado. —¡Es un cocodrilo, un coco... —exclamó Arnaldo en su último suspiro mientras era engullido de un solo bocado por un gigantesco cocodrilo que había permanecido inmóvil cerca de la orilla del rio durante el transitado diálogo mantenido por Arnaldo y Oswaldo. —Vaya, pues Arnaldo tenía razón, es un cocodrilo —dijo Oswaldo apesadumbrado. —No, eso es parte del tronco de un árbol —dijo el ñu Bernardo mientras se acercaba hacia la orilla del rio.
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