—Espera, repíteme de nuevo la teoría para ver si la he entendido— le dijo Esteban a su amigo Natalio. —Si es muy fácil de entender —contestó Natalio con una sonrisa en el rostro—. Como te comentaba, todavía no he podido averiguar todas las normas, pero te puedo volver a mencionar alguna de ellas que si están funcionando. Cada vez que empieza un nuevo año y compres un décimo de lotería de Navidad, ese décimo de lotería será un número que tendrá premio en el siguiente sorteo. Pero si a lo largo del año, en el momento que sea, te encuentras con diferentes personas que te piden directamente limosna o te piden ayuda por caridad, sino no les prestas ayuda o no les das un donativo, aunque sea un donativo simbólico e insignificante, ese décimo que compraste dejará automáticamente de ser un número premiado. —Entonces no querría comprar décimos nunca, porque según tu teoría, perderán su valor en cuanto no le de limosna a quien me la pida. —Solamente a quien te pida ayuda de forma directa —añadió Natalio. Imagina por ejemplo que pasas cerca de un mendigo al que ni tan siquiera has visto. Si el mendigo no te pidió ayuda y tu no percibiste que el mendigo estaba a tu lado, entonces no sucede nada con tu décimo. —¿Y si paso al lado del mendigo sabiendo que está pidiendo limosna y hago como si no le hubiera visto?¿Qué sucede? —preguntó Esteban —En ese caso, tu décimo dejará automáticamente de ser un número premiado —contestó Natalio. —Tengo otra duda —dijo Esteban —. Si un año compro cinco décimos, doy limosna a todos los mendigos o necesitados que me pidan ayuda directamente o se crucen en mi camino, soy cuidadoso para dar siempre donativos con los necesitados y cumplo las normas correctamente pero solamente me toca un premio de los cinco décimos que tenía, ¿se me acumulan el resto de décimos para otro año? —En el ejemplo que me propones —contestó Natalio—, si un año has comprado cinco décimos y has cumplido estrictamente con las reglas, entonces tendrás cinco premios de la lotería de Navidad. Los premios no se acumulan para otro año y la regla tiene su vencimiento en cuanto empieza un nuevo año. Si tú has comprado cinco décimos y solo te ha tocado un premio, eso significa que aunque tu pensabas que lo habías hecho todo correctamente y habías cumplido de forma estricta las reglas del juego, de alguna manera no cumpliste con las reglas aunque pensaras que lo habías hecho. —Tengo otra duda. Pongamos que todavía no he comprado ningún décimo de lotería pero en cambio llevo ya mas de medio año ofreciendo limosna al necesitado que directamente me ha pedido ayuda. ¿Significa entonces que se han acumulado todos esos gestos que he realizado de forma generosa para el momento en el que empiece a comprar mis décimos?—preguntó Esteban. —En ese caso —contestó Natalio—, no tendrías acumulado ningún tipo de recompensa o favor a la hora de comprar tus décimos, aunque hubieses realizado acciones loables con los necesitados los primeros meses del año. La regla comienza en el mismo instante que compres tu primer décimo. De la misma forma —prosiguió Natalio—, si los primeros meses no ayudaste a nadie y después compraras tu primer décimo de lotería, no quedaría invalidado el premio por el décimo que compraste, ya que la regla solamente comienza en el momento que compres tu primer décimo. —Tengo otra duda —dijo Esteban. —Adelante, pregúntame —dijo Natalio. —Supongamos que veo a alguien mendigando desde una distancia no muy lejana a mi posición y yo, aunque le estoy viendo, no tengo la posibilidad de acercarme por los motivos que sean hasta esa persona, ¿quedaría mi décimo anulado y no tener premio? —Es interesante la situación que describes. Si el mendigo está situado a mas de 15 metros o no tienes una forma física de llegar hasta él por algún motivo, entonces tu décimo no quedaría anulado —respondió Natalio. —Aún así le veo una pequeña pega a toda esta teoría —dijo Esteban. —Bien, dime cual es mi querido amigo. —Verás Natalio, en cierta forma, la aptitud de lo que propones encierra una hipocresía, ya que entiendo que dar limosna o ayudar al necesitado es una acción que dignifica a quien da la limosna, que como afirmo, es un acto noble y loable, pero a su vez encierra una finalidad de carácter egoísta o de lucro, que se alimenta por la esperanza de obtener algún tipo de recompensa o premio. —No te quito nada de razón en tus palabras, pero como ya te comenté al principio, estas reglas no las he inventado yo, sino que simplemente las he descubierto. Tan solo me baso en cumplirlas sin atender a los entendimientos morales de quien las haya creado —respondió Natalio. —Bueno, sea como sea, para el próximo año pondré tu teoría en práctica y veremos si realmente funciona, aunque simplemente me parece una mera teoría especulativa. —Funciona querido Esteban, funciona. Te lo aseguro. Tras despedirse los dos amigos, Esteban se fue apresurado hacia la estación de metro, pues ya llegaba quince minutos tarde a la oficina. Natalio por su parte, con calma y serenidad llamó a su chofer para que le recogiera, ya que llegaba tarde a su torneo de golf mensual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se amable por favor. Cualquier comentario inapropiado será censurado