John seguía nadando angustiado intentando mantenerse con vida. Llevaba mas de dos horas nadando desde que cayó por la borda en una arremetida violenta e inesperada del mar junto a su amigo Robert.
—No te rindas Robert, tenemos que resistir —animaba John a su amigo para que no dejara de nadar dentro de la espesa niebla que les rodeaba. —Dame una segunda oportunidad señor, ¡dame una segunda oportunidad! —rezó John como si fuera la única vía posible para salir con vida. Pasaron diez minutos cuando John, asombrado, empezó a vislumbrar la figura de lo que parecía ser una gigantesca cruz que se abría paso entre la niebla. La cruz se hacía cada vez mas monumental ante la mirada cansada de los dos náufragos, hasta que John se percató que en realidad se trataba del mástil principal de un navío mercante. —Lo siento, pero no hemos podido hacer nada por su compañero. El frio y el cansancio le habían debilitado demasiado. El navío volvía a partir hacia su ruta. John se levanto de la camilla en la que se encontraba para mirar por última vez a la embarcación que tan fortuitamente le había salvado la vida. Sus ojos se hicieron inmensos al leer el nombre del barco: "Segunda Oportunidad".
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