A la luz de una vela, en su cuarto, Juanjo seguía escribiendo, ensimismado en sus pensamientos. Llevaba viudo desde hacía ya un año e intentaba seguir su vida sin la compañía de su gran amor. —¿Ana, me seguirás queriendo? —pensaba Juanjo como si realmente pudiera su amada escucharle. De repente, un ruido, como un golpe seco, se escuchó en la casa. Juanjo se levantó de su asiento y se acercó al pasillo para indagar de donde procedía ese ruido. Miró al suelo y contempló que uno de los cuadros se había caído. Era la foto de uno de los muchos viajes que hizo a Perú, aunque en este caso correspondía la fotografía al último viaje que había realizado con su esposa años atrás, a las ruinas del antiguo templo del Sol, en Ollantaytambo. Tomó el marco con sus manos y un papel se deslizó entre sus dedos. Juanjo recordó en ese momento que él era muy proclive a dejar notas escondidas cuando viajaba solo y dos años antes de haber ido con ella, Juanjo había ocultado una nota escrita en una de las inmensas piedras del templo. Dos años después, en el viaje junto a ella, al estar Ana enfrente de la inmensa piedra descubrió la nota casi al instante, como si supiera perfectamente donde la había escondido su marido.
Juanjo abrió el doblez de aquella nota, tomó un respiro y sus ojos se enternecieron en lágrimas, su mirada era de tranquilidad, sosiego y profunda felicidad, mientras seguía posando su mirada en las palabras de aquella breve nota: "Tan lejos y tan cerca. Te amo".
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