martes, 3 de mayo de 2022

14. El Elegido

Neospirit subió por las escaleras hacia el último corredor de la fortaleza.

Los soldados le seguían los pasos muy de cerca pero ya casi era imposible detenerle, estaba a escasos metros de la puerta principal que daba acceso al despacho del Rey Gormuth. De un fuerte golpe Neospirit abrió la puerta que cerró rápidamente obstaculizando su apertura con una pesada estatua del dios de las pestilencias Slarziagh "El desolador" —Por fin llegaste, os estaba esperando impaciente, aunque debo confesar que pensaba que ibais a presentaros antes —dijo Gormuth. —No me habléis como si me conocierais, he venido a restaurar la paz y si es necesario, mataros —respondió Neospirit con gesto airado mientras desenvainaba su enorme espada. —¿Restaurar la paz?¿matarme?, por favor señor, creo que andáis muy confundido, yo soy quien mantiene el orden en esta ciudad, no veo razón alguna por la que deseéis matarme. —Habéis llevado con vuestro reinado tiempos de injusticia a esta ciudad y a sus pobres gentes —dijo Neospirit, —gentes a las que habéis maltratado con vuestra avaricia despiadada. —Os creía más inteligente y perspicaz para ser el Elegido, ya veo que solo os basáis en habladurías sin sentido de un pueblo ignorante que os alienta a insultarme, falacias y mentiras que no se aproximan a la realidad —respondió Gormuth. —Yo no soy ningún Elegido, en todo caso seré quien ponga fin a tanta maldad y pienso acabar con vos. ¡Preparaos para morir! —exclamó Neospirit. —Tu valentía es loable querido, pero creo que desconocéis toda la información que yo dispongo y que requiere ahora de vuestra atención —respondió Gormuth apoyándose levemente sobre una de las angostas mesas de la estancia. —¿A qué os referís?, ¡hablad! —pronunció Neospirit en posición de ataque. —Debéis relajaros. Bajad vuestra espada y os explicaré en detalle, no tendremos mucho tiempo antes de que lleguen los soldados. —Hablad sin premura o la muerte os llegará sin vacilar—respondió Neospirit. —Lo que desconocéis es que tuvisteis una hija, la cual nunca falleció. Su madre os mintió y vuestra hija fue escondida a vuestros ojos porque no os deseaba como padre, tal vez como el amante que una vez fuisteis, pero en nada mas. ¿Qué madre querría un futuro miserable para su hija como el que vos podríais proporcionarle? Sin duda alguna, sabiendo de vuestra condición, la madre, vuestra amante, no deseaba un lastimero porvenir para su hija. —¡Estáis mintiendo, sois un embustero! —gritó con fuerza Neospirit volviendo de nuevo a una posición de ataque. —Querido infeliz , lamento decirte que lo que os cuento es totalmente cierto. Habéis sido alzado por azares del destino, elegido por el pueblo llano como si de un enviado divino fuerais, como un supuesto líder que me derrocaría a mi y a mi reino. ¿Acaso no pensabais que os investigaría para saber de vuestras debilidades?. Y esa debilidad me lleva ahora a comunicaros que conozco del paradero de vuestra hija pero evidentemente, si me dais muerte, jamás sabréis la verdad de todo lo acontecido. —¿Dónde está mi hija?—preguntó consternado y desolado Neospirit. —Te hago ahora una suculenta oferta. Convertíos en mi mano derecha y os recompensaré con creces de por vida. A vuestra hija nunca podréis verla, pero os aseguro que vivirá feliz y sin temor alguno, nada le faltará. Dadme muerte, negaos a mi oferta o traicionadme en algún momento y vuestra bella hija acabará en la peor de sus desdichas. Y bien, ¿Qué decidís? Transcurrieron varios años de grandeza y majestuosidad para el beneficio de Gormuth, que siguió atemorizando a su pueblo con crueldad, crudeza y tiranía. Su liderazgo fue tan notable que incluso fue proclamo gran Rey de las Cuatro Tierras del Poniente, título que ningún otro rey hubiera imaginado siquiera en alcanzar. Su fama llegó hasta los lugares más inhóspitos y las historias que del rey se contaron siempre fueron acompañadas de escalofriantes relatos que describían como valerosos caballeros y guerreros rivales perecieron bajo la temida y virtuosa espada del leal súbdito de Gormuth: Neospirit, el Elegido.

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