—¿Pero cuándo estarás lista? —preguntaba Héctor un tanto nervioso. —Me queda ya poco, no sufras —respondió Teresa mientras terminaba de lavarse las manos. Al poco salieron de la casa. La puerta ya no encajaba de la misma forma por lo que la dejaron medio entre abierta. Bajaron los tres peldaños de madera que facilitaban la entrada a aquella casa que durante tanto tiempo fue su hogar, su sitio de recreo, de juegos, de risas, de lamentos. Terminaba su pesar y su desgracia, o tal vez era el comienzo de una nueva vida, abandonando los ingratos momentos que aquel lugar les había proporcionado durante tantos años de maltrato, golpes e insultos y de los que ahora solo quedaría el nocivo recuerdo. La casa estaba a oscuras, deshabitada, desordenada y sucia, aun seguía reciente el olor sanguinolento de aquel cuerpo sin vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se amable por favor. Cualquier comentario inapropiado será censurado