sábado, 25 de febrero de 2023

38. El siguiente amanecer

Llevaban juntos prácticamente desde hacia varias horas de esa noche de verano, Sus miradas eran mutuas y penetrantes, bailando al unísono, al ritmo que la propia naturaleza les rodeaba entre hermosas hojas y arboledas, Sus cuerpos permanecían estrechamente ligados, uno soportando el peso del otro en un intimo coro de silenciosas, tímidas y ensimismadas caricias. —No podré soportar echarte de nuevo de menos —le dijo él con dulzura. —No sufras mi amor, tal vez pronto estaré de nuevo a tu lado —le respondió con mansedumbre ella. Y en los primeros rayos de sol, aquella minúscula gota de rocío salió del suave tacto del pétalo que le sustentaba y se evaporó.


martes, 21 de febrero de 2023

37. El profeta del Rey

—Afirmas que nunca has errado en tus profecías, ¿es cierto? —preguntó el Rey Ambrasian. —Cierto es majestad —respondió el profeta. —En ese caso, hazme una predicción. Por ejemplo, ¿Cuándo moriré yo?. —Morirá dentro de once años, dos meses y nueve días. —¿Acaso me estás amenazando? —preguntó el Rey Ambrasian con tono airado—, con un solo chasquido de mis dedos te llegaría la muerte al instante por la espada de cualquiera de mis leales guardias. —No es mi intención majestad provocarle ningún tipo de temor. Solamente me limito a responder lo que su majestad desea saber y como ya os informé, soy el mejor profeta del reino. —Demasiada confianza tienes en tus predicciones que pudieran estar equivocadas. Tu muerte pende ahora mismo de un hilo muy fino —dijo el Rey Ambrasian menospreciando al profeta con la mirada. —Vosotros requeristeis mi presencia y aquí estoy. Preguntadme lo que deseéis saber y yo os responderé, aunque os advierto que solo daré respuesta a una última pregunta mas. —Si tan buen profeta afirmas ser, bien sabrás cual es esa última pregunta que deseo hacerte —dijo el Rey Ambrasian. —Así es su majestad, la conozco. Pero es necesario que la pregunta se formule de sus propios labios para que cobre sentido la respuesta —dijo el profeta. —Dime engreído profeta, ya que afirmáis que moriré, ¿Cómo sucederá mi muerte? —preguntó el Rey Ambrasian. —Seréis envenenado a manos de vuestro propio hijo —afirmó el profeta. —Insolente, primero me amenazáis y ahora ¿acusáis a mi propio hijo de ser un asesino? —preguntó el Rey Ambrasian alterado. —Tan solo respondo a vuestras preguntas, ni amenazo ni acuso, solo narro lo que está escrito. —¡Guardias, dad muerte a este embustero insensato! —gritó el Rey Ambrasian enfurecido. Los guardias desenvainaron sus espadas para dar muerte al profeta, pero en el mismo instante que los guardias se abalanzaban hacía él, una espesa bruma polvorienta de colores morados y anaranjados destellantes enturbió la sala del Rey. Tras unos instantes, todo volvió a la normalidad, pero el profeta había desaparecido. Aun quedaban muchos años para poder evitar la profecía que se le había confesado al Rey, que ahora vivía entre la angustia y el miedo al saber que aquel profeta, jamás había errado en ninguna de sus profecías.


sábado, 18 de febrero de 2023

36. Cuestión de huevos

—Dígame, ¿Qué le sucede? —preguntó el doctor Yema. —Verá doctor, la semana pasada, conduciendo mi furgoneta de reparto, se me cruzó un coche de forma temeraria y tuvimos una colisión leve. Pero al día siguiente, empecé a notar que tenía ciertas molestias dolorosas en varias partes de mi cuerpo. —Y ¿Qué le duele exactamente? —preguntó el doctor Yema. —Un huevo. —Me refiero a que le duele, no a cuanto le duele —aclaró el doctor Yema. —Me duele un huevo. —Vamos a ver señor Duro, no quiero saber ahora mismo cuanto le duele, sino el qué le duele —dijo el doctor Yema. —Perdone doctor, igual me estoy expresando de forma incorrecta. Me refiero a que me duele uno de mis testículos. —Ah, entiendo, y ¿Cuánto le duele? —preguntó el doctor Yema. —Un huevo. —No señor Duro, eso ya lo sabemos los dos, pero ahora me refiero a que quiero conocer cuanto le duele —dijo el doctor Yema. —Me duele un huevo. —Señor Duro, le repito que ya entendí que le duele uno de sus testículos, pero ahora necesito saber cual es el índice de dolor que tiene en el testículo. —Perdone doctor, igual me estoy expresando nuevamente de forma incorrecta. Quiero decir que el dolor es muy intenso en mi testículo derecho —contestó el señor Duro. —Me estoy dando cuenta señor Duro, que en mi consulta voy a tener que prohibir que se pronuncie la palabra huevo. —Le entiendo doctor, pero intuyo que lo va a tener complicado con esa prohibición, porque por ejemplo, si me preguntara por mi profesión, yo precisamente soy un vendedor de huevos. —Bueno, a mi no me interesa saber si usted es un grandísimo vendedor de lo que sea que usted vaya vendiendo a los demás. —Se lo estoy explicando doctor, soy un vendedor de huevos. —Ya le he comentado que mejor no utilicemos esa palabra y poco importa lo bueno que sea vendiendo lo que sea que venda. —Perdone doctor, pero creo que no me ha comprendido Quise decir que soy vendedor de cierto elemento redondeado producido por las hembras de diversas especies, en mi caso concreto de las gallinas, las cuales cobijan al germen de un embrión y almacenan las sustancias que nutren a éste en el marco de la incubación. —¡Manda huevos! —exclamó el doctor. —Exactamente doctor. Mando huevos de unos sitios a otros. Los cargo en paquetes desde mi granja y de ahí los transporto a varias tiendas para poder venderlos. —Siempre he dicho que me equivoqué al especializarme en esta rama de la medicina —dijo finalmente el doctor con cara de resignación.

miércoles, 15 de febrero de 2023

35. Valga la redundancia

Te hago pensar para descifrar lo evidente, intentas resolver lo que ya tienes en mente. Mi resolución es fácil y a veces complicada, con ingenio suelo ser creación elaborada. Me presento como un enigma a resolver, puedo ser una pregunta o un misterio por conocer. Despierto tu curiosidad y tu capacidad mental, y aunque a veces te frustro, siempre te induzco a cavilar. Aparezco en versos de rimas graciosas, si no me descubres te resulto angustiosa, Revelar mi secreto requiere templanza es por ello te digo, no pierdas la esperanza

domingo, 12 de febrero de 2023

34. El Gato y el maestro

El anciano maestro budista Tathagata, daba su discurso a sus discípulos todos los días a las cinco de la tarde. Tathagata reunía a todos en la pequeña plaza, junto al templo.
Curiosamente, cada vez que el maestro comenzaba su discurso, un simpático joven gato negro se paseaba por uno de los tejados del templo, acto que molestaba profundamente al maestro ya que según su criterio, aumentaba la perdida de atención en alguno de sus discípulos y a la vez la suya propia.

Pasaron varios días y los sucesos siempre se repetían de la misma forma. En cuanto el maestro empezaba su discurso, el aventurero gato negro hacia acto de presencia por uno de los tejados del templo, con la consecuente perdida de atención de varios de sus discípulos.

Cansando ya de la situación, el maestro tuvo una idea. Llamó a su ayudante Ananda y le pidió que cinco minutos antes de que él empezara con su discurso diario, buscara al inquieto gato negro y lo atase con cuidado en algún poste de la pequeña plaza y que después, finalizado el discurso, hiciera el favor de volverlo a soltar. Le pidió a Ananda que no le pidiese explicaciones del motivo por el cual se ataba al gato ni que tampoco él diera explicaciones a nadie del porque se hacia este procedimiento. Lo importante era que no pasara ni un solo día en el que el tierno gato negro fuese atado mientras él daba su discurso.

Al día siguiente y como el maestro había pedido, cinco minutos antes de las cinco de la tarde, Ananda busco al gato negro y lo dejo atado con mucho cuidado con una cinta de terciopelo rojo alrededor de su cuello, sujeto a un poste de madera aledaño al atril donde el maestro pronunciaba su discurso diario.
El maestro Tathagata comprobó en los siguientes días que durante su discurso diario, sus discípulos ya no se despistaban por culpa del gato negro y él además no perdía la concentración, consiguiendo que su discurso se hiciera fluido y en sosiego.

Pasó un año y el habitual procedimiento del gato se hacia día tras día, siempre sujeto al poste de madera con un lazo de terciopelo rojo alrededor de su cuello, atado pero sin hacerle daño, sin presionarle el lazo demasiado para que no se ahogara y a su vez, el gato negro pudiera tener cierta libertad de movimiento.

Transcurridos los años, el maestro Tathagata falleció, por lo que fue sustituido por uno de sus mejores discípulos que había sido nombrado como maestro.
Aquel mismo día y como siempre se había procedido, a las cinco de la tarde dio comienzo el discurso diario con el nuevo maestro Prajna. El fiel ayudante Ananda cumplió con lo convenido con su antiguo maestro Tathagata, busco al gato negro y lo ató al poste de madera situado al lado del atril. Se desconoce si Ananda ató al gato negro por el respeto que siempre le tuvo a su maestro o si en realidad fue por cumplir con su propia honorable palabra y mantener el acuerdo que años atrás le había pedido su viejo maestro. Sea como fuere, Ananda prefirió seguir atando al gato negro en el mismo poste de madera de siempre, con un lazo de terciopelo rojo alrededor de su cuello. Y así, siguieron pasando los días.

Un año después, tristemente, el fiel ayudante Ananda falleció. Había sido un buen hombre, siempre fiel a sus principios y en este caso a la petición de su antiguo maestro Tathagata, Nunca reveló la petición que este le había solicitado y por la cual siempre había atado al gato negro. Llego la hora del discurso y cinco minutos antes, el nuevo ayudante del maestro Prajna buscó al viejo gato negro y lo sujetó en el mismo poste de madera de siempre con un lazo de terciopelo rojo alrededor de su cuello y así, siguieron pasando los días.

Finalmente, una temprana mañana de primavera, el longevo y ya cansado gato negro murió. El nuevo ayudante informó de inmediato a su maestro y los dos desesperados, pensaron un una rápida solución. El ayudante empezó a buscar a otro gato negro por el templo, la pequeña plaza y sus alrededores, pero era incapaz de localizar a ningún otro gato negro para poderle atar al mismo poste de madera de siempre con un lazo de terciopelo rojo. El maestro Prajna también buscaba un gato negro por el templo e incluso mandó buscar gatos negros similares por la ciudad, porque mientras no hubiese un gato negro atado con un lazo de terciopelo rojo alrededor del cuello junto al mismo poste de madera situado junto al atril, no se podría iniciar  a las cinco de la tarde, el discurso diario.

jueves, 9 de febrero de 2023

33. El reto

—¿Cómo has dicho que te llamas? —preguntó Teodoro. —No he pronunciado mi nombre aún, pero se me conoce por muchos nombres —contestó la Voz. —Te refieres a que tienes varios nombres compuestos, ¿verdad? —Podría ser, aunque no es del todo correcto —contestó la Voz. —¿Podrías decirme alguno de ellos? —volvió a preguntar Teodoro. —Si insistes con tanta perseverancia te diré tan solo uno de ellos...pero quiero algo a cambio. —No sé como podría ayudarte, ¿Qué quieres? —preguntó Teodoro. —Te propongo un reto. Si al decirte uno de mis nombres, eres capaz de responderme después con al menos once de cualquiera de mis otros nombres con los que soy conocido, de cualquier cultura y de cualquier época, te concederé un deseo. —Podría aceptar el reto, pero seguro que es una trampa y tu nombre solo tiene varias acepciones —dijo Teodoro —. Además, todavía no me has dicho que quieres a cambio en el caso que no consiga el reto que me propones. —Tu alma Teodoro, quiero a cambio tu alma —sentenció con profundidad la Voz. —¡Ja, ja, ja!, ¿Estás queriendo insinuar que eres el Diablo? —preguntó Teodoro con tono irónico. —Es uno de los muchos nombres por el que se me conoce, aunque ciertamente es uno de los más vulgares —contestó la Voz. —Sabiendo ya quien eres, acepto el reto, señor Diablo —dijo Teodoro con tono burlón. —Así sea entonces —dijo la Voz—. Pronuncia once nombres por los que soy conocido y como ya has mencionado uno de ellos, queda descartado el Diablo. —Bien, de acuerdo, acepto. Vamos allá. Déjame pensar: El Diablo, Satanás, Belcebú, Mefistófeles, Azazel, Lucifer... —¿Eso es todo?¿No sabes mas nombres?. De momento solo has pronunciado cinco de ellos, ya que como dije, el Diablo quedaba descartado —dijo la Voz. —¡Un momento, un momento!, estoy tratando de pensar —dijo alterado Teodoro—, Mefistófeles, Pazuzu...¡Ah si!, ¡El Demonio! —Correcto, pero tan solo llevas ocho, aún te quedan tres mas por pronunciar —dijo la Voz. —Estoy pensando pero me interrumpes constantemente y no me dejas que me concentre —volvió a hablar Teodoro con cierta angustia. —En ningún momento he querido distraerte mi querido Teodoro, incluso te animo a que sigas pensando. Tan solo debes pronunciar tres nombres mas —dijo la Voz. —Bueno, alguna ayuda si puedes darme, ¿verdad? —preguntó Teodoro. —No, ninguna ayuda puedo ofrecerte. —¡El Príncipe de las Tinieblas! —dijo Teodoro entusiasmado. —Ese es un título que se me atribuye, no es realmente uno de mis nombres, pero esta bien, solo por esta vez te acepto el título como nombre válido —dijo la Voz—. Te quedan dos nombres por pronunciar. —¡El Anticristo! —exclamo Teodoro con excitación. —Muy bien. Solamente te queda por pronunciar uno de mis nombres y un único deseo que me pidas te será concedido. —El Diablo debería ser válido y con eso ya haríamos los once nombres —dijo Teodoro enojado. —Lo siento Teodoro, pero las reglas las establecimos antes de que aceptaras el reto, ahora no puedes cambiarlas. —¡Esta bien, esta bien!. Tan solo me queda un nombre, no creo que sea tan difícil. Solo tengo que concentrarme y el reto lo tengo ganado —dijo Teodoro—. ¡Lo tengo!, ¡el Ángel caído! —No es correcto. Si tuvieras una pizca de conocimiento bíblico, deberías saber que hubo muchos como yo que fueron expulsados como ángeles caídos y a su vez y como ya te informé anteriormente, ese es un título que se me otorga, pero no es estrictamente un nombre. Ya te acepté un título y te dije que no aceptaría otro mas. Te sigue faltando un nombre —dijo la Voz. —Ya te he dicho los once que me pediste, ¡he ganado el reto! —exclamó Teodoro. —Tus nervios te traicionan. ¿Intentas acaso engañar al maestro del engaño?. Bien Teodoro, tu tiempo se agota y sigues sin pronunciar el nombre que te falta —dijo la Voz. —Me lo acabas de decir tú mismo, ¡El Maestro del Engaño!. ¡Ja, ja, ja!. ¡Te he ganado! —Adorable tu insistencia en querer hacerme creer que has vencido el reto, pero una vez mas pronuncias uno de mis títulos pero no es uno de mis nombres. Te sigue faltando un nombre por pronunciar —dijo la Voz. —Dame unos minutos. Solo me interrumpes y no aceptas las respuestas que te doy. ¡Eres un tramposo!. —Te agradezco que me describas con tales palabras, pero en ningún momento he realizado trampas contigo. Vamos Teodoro, insisto, te queda un nombre por pronunciar —dijo la Voz. —No tengo miedo de este estúpido reto, Yo lo he conseguido y por mi parte no tengo que decir ningún nombre mas —sentenció Teodoro. —Si esa es tu decisión, que así sea —dijo la Voz—. Ahora y para que comprendas que era un reto bastante fácil, enumeraré alguno de los muchos nombres por los que soy conocido y que tú has sido incapaz de pronunciar. La habitación donde se encontraba Teodoro cambió bruscamente de color, tornándose poco a poco hacia colores ocre y oscuros profundos, inundando la sala de una desconcertante lobreguez. El silencio se hizo eterno y súbitamente, desde todos los rincones de la estancia, retumbó una siniestra y áspera voz que iba pronunciando, uno a uno, nombres jamás escuchados desde hacía siglos. Nombres de deidades antiguas de dioses alabados, otras veces temidos...Adrammelech, Eligos, Oberon, Fafnir, Typhone, Enki, Baal, Tiamat, Astaroth, Uvall, Hades, Zagan, Iblis, Valefar, Lilith, Nergal, Ahpuch, Moloch, Shaitan, Eshu, Set, Xolotl, Baphomet, Níx, Eblis, Raum, Samael, Leraie, Eris, Vepar, Adrammelek, Cimeries, Erebus... A cada nombre que se escuchaba en aquel cuarto, Teodoro sufría grandes espasmos, sus ojos se desencajaban, su piel se consumía, sus carnes se abrían como si feroces zarpazos estuviera recibiendo y su cuerpo sucumbía en un deshumanizante dolor que le partía por dentro y le desgarraba, como si su alma quisiera salir de su encierro corporal para poder aliviar semejante castigo...

viernes, 3 de febrero de 2023

32. Dágiolo münlitigmue

—Benuos daís, me gtuísara peodr hlbaar con aieglun que me edniatea —dijo la señora con tono enojado. —Bu3n05 d145, 50y el 3nc4r64d0 d3 3s73 h073l y 6u57054m3n73 pu3d0 4yud4rl3 3n l0 qu3 n3c35173. —Levlo auqí mas de deiz motnuis y niade me crdemopne, eotsy desquiciada. —C0m0 y4 l3 d160, y0 pu3d0 473nd3rl3 c0n much0 6u570, ¿Qu3 d3534? —respondió nuevamente el encargado. —nendoPer un tomenmo, rope quien tasicene dayua rapa que le dantienen soy yo —dijo repentinamente un caballero con aspecto desaliñado y cara despistada que se había acercado al mostrador, —P0r f4v0r 53ñ0r35, m4n73n64m05 l4 c4lm4. 473nd3r3 4 70d46 5u5 50l1c17ud35 51n pr3mur4, p3r0 1n73n73m05 ll3v4r un 0rd3n —dijo el encargado. —¡otse se otiduani! —exclamó un señor con bigote que permanecía cerca del mostrador —ovell sod saroh ne etse letoh y acnun em aíbah odasap adan odicercap. —lo mimso dgio yo —respondió la señora. —¿dríaPo mecirde cual es el romenú de mi cióntabiha? —preguntó el caballero. —P3rd0n3 c4b4ll3r0, p3r0 1n73n73m0s r3sp374r 3l 0rd3n 3n l4s pr36un74s —dijo el encargado. —Excuse me, could you tell me which bus goes to the city center?— preguntó con premura una señora a la que se percibía con cierta excitación. —L0 s13n70 much0 m4d4m3, p3r0 3n 3s73 h073l n0 3n73nd3m0s 3l 1ngl3s. 4h0r4 m1sm0 ll4m0 4 un 7r4duc70r p4r4 qu3 p0d4m0s 3n73nd3rl3 —respondió finalmente el encargado con gesto desesperado.