sábado, 25 de marzo de 2023

47. La última consulta médica

—Adelante por favor, siéntese y cuénteme, ¿Qué le sucede? —preguntó el doctor Navarro. —No sé si usted se acuerda de mi doctor, pero he venido expresamente a hacerle una visita —respondió Julián. —No, no le recuerdo. ¿Ha estado usted en mi consulta anteriormente? —preguntó el doctor Navarro. —Pero bueno, ¿Cómo no se va a acordar de mi doctor?. Usted me dijo hará ya cinco años aproximadamente, que me quedaba por aquel entonces un mes de mi vida y después, para colmo, me dijo de forma muy coloquial que «mi vida iba a durar menos que un telediario» —respondió Julián. —Vaya, entonces me alegro por usted, ya que si sigue aquí con vida es que efectivamente me equivoqué en mis predicciones. —¿Qué si se equivocó? —respondió Julián totalmente indignado. —Tranquilícese, no veo que haya que ponerse tan nervioso cuando además le veo con aspecto saludable —dijo el doctor Navarro. —Ni puedo ni quiero tranquilizarme y ahora me va a escuchar. Por su culpa, cuando me dijo el poco tiempo que me quedaba con vida, caí en una depresión que me fue minando cada vez mas. Mi mujer intentó sacarme del pozo en el que me estaba hundiendo, pero yo no tenía ganas de hacer absolutamente nada. En el trabajo comenté mi situación y les dije que lo dejaba, que necesitaba todo el tiempo para mi y para disfrutar cuanto pudiera. Además, la depresión por la que estaba pasando me impedía seguir ejerciendo adecuadamente en mis funciones. Un mes más tarde, decidí gastar casi todos mis ahorros en un viaje con mi esposa en un crucero alrededor del mundo que duraba tres meses, pero todo se volvió mas difícil aún, ya que yo no estaba disfrutando del viaje y mi mujer se desesperaba por mis continuos malos comportamientos y mis pocas energías. Al final no llegamos a terminar el viaje porque teníamos innumerables discusiones en el crucero y era mejor volver a casa e intentar solucionar nuestros enfados mas discretamente. Siguieron pasando los meses y mi depresión era bastante pronunciada. Mi mujer empezaba a estar cansada de mis malos modales y mi aptitud frente a lo que estaba viviendo. Tiempo después, entregué en donación el resto de mis ahorros a mi mujer y solamente me quedé con un poco de dinero para los posibles gastos de los últimos días que me quedaran con vida. Pero ese "último telediario" nunca llegaba y yo seguía con una fuerte depresión, mientras mi mujer seguía totalmente hastiada de mis continuos cambios de humor. Siguieron pasando los meses y finalmente sucedió, mi mujer llegó a su propio límite y me pidió la separación y yo, al no tener casi nada de dinero, no tenía la capacidad de entrar en pleitos y juicios, por lo que perdí todo, la casa, el coche, los bienes que teníamos en común. Quedé arruinado, solo y para colmo sin trabajo. Intenté pedir volver a reincorporarme pero en mi Empresa ya no era necesario mi perfil. Como además me fui de mi Empresa por voluntad propia no tenía derecho al paro, así que tuve que pedir una ayuda por precariedad a la Comunidad a la que pertenezco, ayuda que tardó bastante en que se me concediera y que por supuesto no me iba a sacar de la pobreza. Empecé a buscar en albergues y lugares de acogimiento para el necesitado, ya que no tenía ni para comer ni para dormir. En la desesperación, decidí realizar pequeños hurtos de poca monta, una cartera por allí, un bolso por allá. Pero obtenía poco dinero con eso y realmente no cubría mis más precarias necesidades. Me decidí ir entonces a por botines más grandes y finalmente planifiqué el asalto a un modesto banco de la ciudad y claro, al estar solo y con lo poco hábil que soy para estas cosas, me pillaron a la primera. El juez fue benevolente conmigo en esa primera ocasión y debido a mis circunstancias personales, me impuso una pequeña amonestación y a realizar varios trabajos sociales durante seis meses. Pero esto no llegó a solucionarme el problema que seguía arrastrando y poco tiempo después, ante la necesidad de tener que conseguir dinero, volví a intentar un segundo atraco a un banco. Aunque esta vez si me salió bien la jugada y estuve varios meses viviendo con cierta soltura, aunque escondido permanentemente para que no me localizaran. Unos meses mas tarde me tendieron una emboscada y en una redada me volvieron a coger. En mi siguiente visita al juez ya no fue tan condescendiente y como había robado mas de medio millón de euros, me declararon culpable y una pena de prisión de tres años. Los primeros meses en prisión fueron bastante complicados, recibía palizas en los baños e incluso se intentaron sobre pasar conmigo en más de una ocasión. Los reclusos pensaban que yo tenía guardada la cantidad que había conseguido de mi segundo robo al banco, por lo que sufría constantes persecuciones e instigaciones contra mi. Tras más de un año de vivir una auténtica pesadilla como preso, por fin dejaron de molestarme y se dieron cuenta que simplemente era un pobre desgraciado. En ese tiempo de tranquilidad me dediqué a mejorar la biblioteca y a dar clases de formación para los presos más necesitados. Gracias a esta labor conseguí que se me respetara y pudiera vivir con más apacibilidad dentro de aquella cárcel. Finalmente, hace una semana me dieron mi carta de libertad condicional. Y ahora es el momento de pedirle a usted explicaciones. —Un momento, creo que ahora le recuerdo. Déjeme consultar un momento su historial señor Anastasi —dijo el doctor Navarro. —¿Anastasi?, yo me apellido Astasi, ¡Julian Astasi! —exclamaba Julián con desesperación. Julián se acercaba enérgicamente hacía el doctor Navarro, quien permanecía intimidado en su sillón, sintiendo como «su vida iba a durar menos que un telediario».

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Se amable por favor. Cualquier comentario inapropiado será censurado